El turismo como una actividad más en la búsqueda de un desarrollo sostenible integral:
El caso del Valle de Manduriacos (Ecuador)

Jordi Gascón
Acción per un Turisme Responsable - ATR


La actividad turística

Desde hace más de tres años, la Corporación Talleres del Gran Valle, como entidad local, y Xarxa de Consum Solidari – Red de Consumo Solidario organizan viajes, bajo la denominación de “Turismo Solidario”, que permiten al turista conocer las consecuencias de las relaciones Norte-Sur tomando como ejemplo la realidad del campo ecuatoriano. En concreto, y por las características de ambas organizaciones, estos viajes permiten introducir a los viajeros en la problemática de las relaciones comerciales internacionales y en el conocimiento de los movimientos por el Comercio Justo y por la Soberanía Alimentaria, en las que se circunscriben.

El viaje se inicia en Quito, ciudad que, después de una breve visita, se deja para dirigirse al Valle de Manduriacos. Manduriacos, administrativamente en el cantón Cotacahi (provincia de Imbabura), se encuentra en la zona subtropical del norte del país. Éste es el centro del viaje y donde la Corporación Talleres del Gran Valle, una organización de base formada y gestionada por el campesinado de la zona, realiza su trabajo. Allí, y durante más de una semana, los viajeros tienen la oportunidad de conocer y convivir con una población agricultora que, a través de organizaciones comunitarias como la Corporación o el Frente de Lucha por la Vida, trabajan para mejorar su nivel de vida mediante un desarrollo social y medioambientalmente sostenible.

Los turistas, guiados por población autóctona, visitan algunas de las comunidades del Valle, como San José, Chontal o El Paraíso, y residen en diferentes albergues comunitarios que la Corporación tiene en ellas. En algún caso, dónde no hay albergue, los viajeros son alojados en casas particulares.  Los desplazamientos, que se hacen caminando o a lomos de mulas y caballos, permiten conocer las características del bosque subtropical de boca de líderes y jóvenes de Manduriacos.

Los viajeros también tienen la oportunidad de conocer los talleres artesanales que en los últimos años se han ido estableciendo; en estos talleres se manufactura parte de la producción agropecuaria autóctona, con el objetivo de darle un valor añadido y facilitar su comercialización en el mercado local y en el internacional a través de las redes del Comercio Justo.

La relación entre la población y los turistas se facilita a través de diferentes actividades: reuniones con líderes, talleres artesanales para los viajeros, fiestas comunitarias, competiciones deportivas, concursos de cocina, etc.

Durante esos días de convivencia, turistas y población autóctona ponen en común experiencias; los visitantes tienen la oportunidad de conocer los problemas medioambientales que la zona sufre por el impacto de la minería de oro, su rol en el proceso de democracia participativa que el municipio de Cotacachi lleva a cabo desde mediados de la década de 1990, o su lucha por acceder a los mercados locales y contra los modelos de desarrollo neoliberales como el ALCA.

El viaje se complementa con la visita a la Reserva Bioecológica de Los Cedros, situada en las zonas altas del Valle (bosque nublado) y gestionado por la ONG ecuatoriana Centro de Investigación de los Bosques Tropicales – CIBT.

Después de unos diez días en Manduriacos, el viaje continúa visitando Intag, la otra zona tropical de Cotacachi. Aquí la visita, de dos o tres días, es guiada por el Grupo de Mujeres de El Rosal, organización de mujeres que busca empoderar económica, social y políticamente a la mujer, y que también participa activamente en el proceso municipalista del cantón. En Intag se visita el taller de fabricación de jabones de aloe vera de El Rosal, la organización de caficultores biológico AACRI y la organización ecologista DECOIN. Finalmente, los turistas tienen la posibilidad de relajarse y disfrutar de las piscinas termales y naturales de Nangulví.

El viaje sigue con la visita de la ciudad de Cotacachi. El cantón de Cotacachi vive desde hace años una experiencia de democracia participativa que permite a la sociedad civil intervenir en las tomas de decisiones de la municipalidad, y que ha merecido el reconocimiento internacional como el premio Unesco de Ciudades por la Paz. El grupo de turistas se reúne con responsables del municipio que explican como funciona la gestión municipal a través de la Asamblea de Unidad Cantonal, el órgano de participación ciudadana. Cotacachi también es un buen centro para conocer la sierra andina; se visitan comunidades campesinas de población quichua de Otavalo.

Finalmente, el viaje termina fuera de Imbabura, en la costa. En el 2003 se visitó la población y alrededores de la Bahía de Caraquez, en la provincia de Manabí. La estancia se realiza con la colaboración de la asociación Proyecto Guacamayo. En esta zona se visitan las acciones que están llevando a cabo la población, de origen afro-ecutoriano, para conservar los bosques de Manglares, amenazados por la explotación de las empresas camaroneras, así como el proyecto de “ecociudad” que se realiza en Bahía.

La duración total del viaje es de unas tres semanas, y se da la posibilidad a los turistas de ampliar la estancia en Ecuador durante una semana más, ahora por su cuenta.

Se organizan tres viajes al año, en lo meses de julio, agosto y septiembre. Por su parte, la Corporación Talleres del Gran Valle también está promoviendo los viajes en Francia y en el mismo Ecuador, con el objetivo de ampliar el periodo de explotación de la actividad.

El número máximo de turistas establecido por grupo y viaje es de dieciséis. Se considera éste el número máximo óptimo para ofrecer un buen servicio a los viajeros, no superar la “capacidad de carga” de la zona (máximo aprovechamiento que se puede realizar de los recursos de un territorio sin poner en riesgo la sostenibilidad de sus recursos sociales, económicos, culturales y medioambientales o la satisfacción de los visitantes), y que la actividad genere el mayor beneficio posible a las comunidades de Manduriacos, beneficio que, como veremos más adelante, se destina a cubrir los costos de iniciativas en el Valle a través del Fondo Social de la Corporación.

Las organizaciones promotoras

Las dos entidades que organizan estos viajes son, en Ecuador, la Corporación Talleres del Gran Valle, y en el Estado español, la Xarxa de Consum Solidari.

La Corporación Talleres del Gran Valle es una organización nacida de la propia población campesina en 1998, con el objetivo de crear empresas de servicios y talleres artesanales sociales en el Valle de Manduriacos, y favorecer la comercialización de sus productos en el mercado local, nacional y en el internacional de Comercio Justo (Europa, Japón y Estados Unidos), con un planteamiento de desarrollo sostenible social, económico y medioambiental. En sus pocos años de vida, la Corporación se ha convertido en la estructura organizativa más importante del Valle, estructura que funciona de manera democrática y participativa a través de su Asamblea General y de la Junta Directiva (más información, en http://efairtrade.free.fr/index2.html).

La Xarxa de Consum Solidari nació en el 1997, como iniciativa de diferentes organizaciones y entidades catalanas interesadas en el desarrollo del movimiento del Comercio Justo en Catalunya. Tal como reza sus estatutos, su principal objetivo es “la promoción de iniciativas que puedan contribuir en la dinamización de las ideas de consumo responsable y solidario”. Esto lo hace trabajando en cinco ámbitos: la cooperación internacional, la importación y distribución de productos de Comercio Justo, la sensibilización y educación para el desarrollo, la presión política y el apoyo a favor de un turismo responsable (más información en www.xarxaconsum.org).

La relación entre ambas organizaciones, que se remonta a 1999, es muy intensa, al punto que se podría decir que han crecido juntas. Para la Corporación, la Xarxa es su principal socio del Norte, e igualmente, la mayor parte de los esfuerzos de la Xarxa en sus años de vida ha ido dedicada al fortalecimiento de la Corporación y a la mejora del nivel de vida de la población del Valle de Manduriacos. Sus planteamientos ideológicos, tanto en el ámbito del Comercio Justo y en el de Soberanía Alimentaria como en el del Turismo Responsable, se han ido y se van formando conjuntamente mediante el debate continuo.

La relación entre las dos organizaciones se establece a través de tres vías. Por un lado, a través de la importación y comercialización de productos de Comercio Justo. La Xarxa empezó importando y distribuyendo en España productos artesanales de lufa (esponja natural vegetal), producción que fue la primera en ser manufacturada y comercializada por los talleres de la Corporación. Posteriormente se inició la comercialización de jabones naturales, productos derivados del cacahuete, y se prevén de otros productos como licores y cestas de cabuya, cuyos talleres se están implementando. La Xarxa-Red también apoya a la Corporación a buscar nuevas vías de comercialización en Europa.

Otra vía de trabajo en común es la cooperación internacional. Esta labor se inició participando en la implementación de nuevos talleres y en la formación de su personal, y posteriormente se amplió apoyando las infraestructuras de comercialización en Ecuador y el empoderamiento político (formación de líderes) especialmente en temas municipalistas, medioambientales y de género. Objetivo de este trabajo ha sido aumentar y consolidar, de manera social y medioambientalmente sostenibles, las fuentes de ingresos en la zona a través de la diversificación en la producción y de los mercados.

El tercer ámbito de relación entre ambas organizaciones, y el más reciente, es el del turismo alternativo. En un principio, a través de viajes organizados en España por la Xarxa, y posteriormente mediante un Programa de Desarrollo Turístico más integral que, entre sus componentes, considera la formación de agentes turísticos (guías, personal de restauración y administración, etc.), la dotación de equipos y la implementación de infraestructuras (albergues, centro de guías, etc.). Más adelante haremos referencia a este Programa, que en su día tomó el nombre de “Hormiga Verde”.

Este tercer ámbito de trabajo nació de la continuada relación entre ambas organizaciones con un doble objetivo: por un lado, ayudar a consolidar la economía del Valle mediante la diversificación de las actividades; por otro, sensibilizar y formar a la ciudadanía del Norte. El primer viaje se realizó en el verano de 2001.

En la división de tareas, la Xarxa se encarga de organizar y hacer difusión de los viajes en el Estado español, tarea que en los últimos años se realiza conjuntamente con organizaciones hermanas como Sodepau, Sodepaz  y ACASC, las cuales también ofrecen viajes similares a otras zonas de América Latina y el Área mediterránea.

La Xarxa realiza con los turistas, antes del viaje, un proceso de formación que les facilitará la comprensión de la realidad que van a ir a conocer. Y posteriormente al viaje, se les ofrece la posibilidad de integrarse y participar en los diferentes proyectos y actividades en los que trabaja la organización como agentes de sensibilización.

Por su parte, la Corporación se encarga de preparar el viaje en Ecuador, tanto en el Valle de Manduriacos como en las demás zonas del recorrido. En estas otras zonas, la Corporación establece relación con entidades locales hermanas, que son las que se dedican a organizar la estancia de los viajeros. Son líderes y guías locales los que explican a los viajeros la realidad que viven día a día.

Entre las organizaciones que han participado y participan en los viajes de la Corporación  y de la Xarxa se encuentran el Frente de Lucha por la Vida, en Manduriacos, el Grupo de Mujeres de El Rosal, el AACRI, la DECOIN y el Centro de Investigación del Bosque Tropical, en Intag, la Asamblea de Unidad Cantonal y la organización indígena UNORCAC, en la sierra de Cotacachi, o la asociación Proyecto Guacamayo, en Manabí.

Hasta ahora, los grupos han ido siempre acompañados de guías de la Corporación y de la Xarxa. A partir del 2004, se prevé que el acompañamiento sea realizado exclusivamente por personal ya formado de la Corporación.

El contexto del Valle de Manduriacos

El Valle de Manduriacos forma parte del cantón Cotacachi. Se trata del cantón más extenso de los seis que conforman la provincia de Imbabura, en el Norte de Ecuador. Su geografía muestra grandes contrastes; la altitud del cantón se mueve entre los 200 y los casi 5.000 m de altitud sobre el nivel del mar, lo que genera una gran variedad de ecosistemas: desde la alta montaña (sierra) hasta el bosque tropical. En líneas generales, las características topográficas y climáticas del cantón permiten diferenciar dos zonas: la andina y la subtropical, a la que pertenece Manduriacos.

La población del cantón es de 37.254 habitantes, la mayoría rural (29.893 personas). La población de la zona subtropical es toda rural, y asciende a 12.087 habitantes. La población de la zona andina es mayoritariamente indígena-quichua.

Cubierto de bosques tropicales primarios y atravesado por numerosos ríos, el Valle de Manduriacos es una zona recientemente poblada: deshabitada durante siglos, sólo hace unas cinco décadas que pequeños grupos de campesinos y campesinas procedentes de diferentes zonas del Ecuador y del sur de Colombia empezaron un tímido proceso de colonización. Resultado de ello, la población forma una amalgama de contingentes afro-ecuatoriana, indígena-amazónica, indígena-andinos, mestiza y criolla.

Se trató de una colonización desordenada, que no contó con el apoyo de las instituciones públicas. Resultado de ello, Manduriacos siempre ha sufrido la escasez de los servicios públicos: aunque la población del Valle se mueve alrededor de los 4.000 habitantes, carece de una escuela de secundaria, y sólo recientemente cuenta con un puesto sanitario.

La red vial también sufre estos condicionamientos: el Valle sólo tiene una salida, que es una carretera de tierra que en tiempos de lluvia se convierte en un lodazal. Este camino sólo llega a San José de Magdalena. Las doce comunidades que conforman el Valle están muy mal comunicadas: la mayoría sólo puede transportar sus mercancías a lomos de mula, en viajes que pueden llegar a durar seis o siete horas hasta llegar a San José.

La principal actividad económica de la zona es la agricultura, pero en los últimos años la producción se ha reducido aún cuando los terrenos son muy fértiles y permiten cultivos muy diversos. Esto se debe, por un lado, a la crisis general de la agricultura en el país, víctima de actividades como el dumping o la deslocalización de cultivos, que hace que el mercado interno ecuatoriano esté cada vez más copado por productos foráneos en detrimento de la producción autóctona campesina. La crisis financiera, social y política que ha sufrido Ecuador en los últimos años, resultado de la corrupción política, la aplicación del modelo económico neoliberal y a la falta de planificación del desarrollo, ha ayudado en este proceso.

Otra causa es la emigración de población a Quito y al extranjero, especialmente de la población más joven y con mayor capacidad productiva, debido a la situación de crisis que vive el país. Como ya hemos indicado, el Valle carece de escuelas de secundaria; éste es otro factor que favorece la emigración de los jóvenes a zonas urbanas.

Esta situación de pobreza es el caldo de cultivo que ha facilitado la implantación de una empresa destinada a la extracción del oro; aún cuando los efectos medioambientales de esta actividad ponen en juego la viabilidad de la agricultura (contaminación de ríos y acuíferos, destrucción y erosión del suelo excavado, etc.), ciertos sectores de la población lo ven como una fuente de ingresos.

De esta manera, actualmente en el Valle de los Manduriacos coexisten dos modelos de desarrollo mútuamente excluyentes: uno cortoplacista y depredador, protagonizado por la empresa minera, y otro sostenible social, económica y ecológicamente, representado por la Corporación Talleres del Gran Valle. Hasta el momento, la Corporación ha conseguido impedir que el lavado del oro se realice en el Valle y contamine los ríos y acuíferos por el uso de los metales pesados que se requieren en el proceso, pero aunque se trata de una explotación con muchas irregularidades, no ha podido impedir la explotación del yacimiento. La Xarxa, a través de sus proyectos de cooperación, apoya política y económicamente las demanas legales que la Corporación tiene abiertas por este motivo.

Desde mediados de la década de 1990, Cotacachi lleva a cabo una experiencia de participación ciudadana. La Asamblea de Unidad Cantonal es resultado de este proceso, que sigue las líneas democratizadoras y de participación planteadas en el Foro Mundial de Porto Alegre. El Municipio y la Asamblea han hecho una apuesta clara a favor de un desarrollo sostenible y en contra de la minería, que también afecta a otras zonas del cantón. Esta postura se materializó en el Plan de Desarrollo del Cantón Cotacachi y en la consideración de Cotacachi como Cantón Ecológico.

Los turistas, durante el viaje, tienen la posibilidad de conocer los problemas que vive en cantón y como su población se organiza para hacerlos frente, así como este proceso municipalista que se ha convertido en un referente a nivel internacional.

Los turistas

Si bien, por la localización de la sede de la Xarxa de Consum Solidari, la mayor parte de los viajeros han sido tradicionalmente catalanes, los grupos están conformados por personas de todo el Estado español, e incluso de otras zonas de Europa. La difusión de los viajes conjuntamente con otras organizaciones de fuera de Catalunya como Sodepaz permite una mayor difusión.

La edad media de los turistas se mueve entre los 25 y 45 años, y suelen tener nivel de estudios universitarios. Pero el elemento que más llama la atención es que, mayoritariamente, son mujeres las interesadas en este tipo de viajes.

Por lo general, no muestran un profundo conocimiento de la realidad ecuatoriana, pero si interés y sensibilidad sobre las relaciones Norte-Sur y deseo de conocer la realidad de los países del Sur de una manera más vivencial y de profundizar sobre las causas de sus problemas. Normalmente, no suele ser ésta su primera experiencia de viaje internacional. En muchos casos, la gente que se interesa por estos viajes sigue teniendo la idea de que se tratan de campos de trabajo, por haber sido la de las brigadas una actividad tradicional en las ONGs españolas durante muchos años.

Una vez cerrado el periodo de inscripción, se organiza una serie de talleres de formación con los turistas. Estos talleres, impartidos por técnicos especialistas, comprenden varias temáticas: la realidad de Ecuador y, en concreto, de Cotacachi y el Valle de Manduriacos, qué es el movimiento por la Soberanía Alimentaria, cómo funciona el Comercio Justo, qué es el Turismo Responsable, etc. También se explica que es la Xarxa de Consum y su relación con Ecuador.

Generalmente, en estos talleres suele participar alguna persona de la Corporacion Talleres del Gran Valle, aprovechando los viajes que hacen a Europa invitados por la Xarxa para promover la comercialización de sus productos o para su formación.

Estos talleres se establecen como el inicio de un proceso de aprendizaje que continúa y se desarrolla principalmente en el viaje. Cuando éste se acaba, se realizan nuevos talleres que tienen como objetivo poner en común experiencias y facilitar la participación de los viajeros que así lo desean en las actividades de la Xarxa. También permiten, a través de encuestas, realizar una valoración del viaje, que después se convierte en un insumo esencial para realizar ajustes y mejoras en campañas posteriores, tanto por parte de la Xarxa-Red como de la Corporación.

Por lo general, la valoración de los viajes siempre ha sido muy positiva, si bien se observa que el número de viajeros que entra a formar parte de los equipos de voluntariado de la organización no es muy alto.

La distribución de los beneficios en la comunidad. Problemas y expectativas.

Los beneficios de los viajes se destinan al Fondo Social que tiene la Corporación Talleres del Gran Valle, fondo que también se alimenta de los beneficios que se obtienen de los diferentes talleres y de las acciones de comercialización que gestiona la misma organización. El Fondo Social se destina a acciones comunitarias: rehabilitación de los caminos y puentes que comunican las diferentes comunidades, mejora de las infraestructuras educativas (si bien el Estado ecuatoriano cubre los salarios del profesorado de la zona, las escuelas han sido construidas y son propiedad de cada comunidad) y sanitarias, construcción de espacios de ocio o culturales, ampliación de almacenes y talleres de la Corporación, etc. El Fondo es gestionado por la Corporación siguiendo las directrices establecidas por su Junta Directiva, Junta que está formada por dos líderes de cada comunidad elegidos en asamblea comunitaria.

Además, el turismo también genera otras fuentes de ingresos para determinados sectores de la comunidad. En concepto de salario, se benefician de manera directa del programa turístico el personal de los albergues (cuidadores y cocineros), los guías y los propietarios de mulas que se alquilan para el desplazamiento de los viajeros. Y de manera indirecta, los propietarios de economatos de la zona, dónde los turistas suelen adquirir bebidas y otros alimentos y productos.

Finalmente, Xarxa de Consum Solidari también se queda una pequeña parte de los costos del viaje que permite cubrir los gastos administrativos y de gestión, así como la elaboración y edición de trípticos y carteles de difusión.

Pero en el últimos meses se ha abierto un debate en relación al reparto de los beneficios del turismo que incide en el modelo de desarrollo turístico. El factor desencadenante fue el proceso de identificación de un programa de cooperación entre la Xarxa y la Corporación destinado a mejorar y desarrollar la actividad turística en Manduriacos, denominado “Hormiga Verde” ([1]).

El proyecto tiene varios módulos:  dotación de equipos para el turismo, campaña a nivel nacional e internacional de difusión del Valle de Manduriacos como zona de destino, formación y capacitación de agentes turísticos (cuidadores de albergues, guías, etc.), y mejora de las infraestructuras. El debate se ha centrado en éste último punto. Inicialmente se pensó en establecer un modelo que conjugara beneficios comunitarios e individuales; en concreto, se pensaba en mejorar y ampliar la red de albergues y, a través de un fondo de microcrédito, también dar la posibilidad a la población de adecuar sus viviendas para alojar turistas de forma particular.

Este sistema mixto no es extraño a la Corporación ni a los proyectos que ha ejecutado con el apoyo de la Xarxa y otras ONGs donantes: si bien los talleres son de propiedad de la Corporación y sus beneficios son comunitarios a través del Fondo Solidario, las materias primas con las que estos talleres trabajan se producen de forma particular en las explotaciones campesinas de la zona (minifundistas); igualmente, los beneficios que la Corporación obtiene del acopio, preparación y comercialización de parte de la producción campesina se destina al Fondo Social, pero esta producción se realiza en las explotaciones minifundistas.

No obstante el turismo es una actividad con características propias, por lo que el debate se ha establecido a partir de una pregunta: ¿Es factible aplicar para esta actividad el modelo mixto ya utilizado en otras de tipo productivo?

Entre los “pros” se ha identificado los siguientes planteamientos:

·        Como ya se ha explicado, el modelo mixto (comunitario y particular) tiene una tradicion en las acciones de desarrollo realizadas por la Corporación Talleres del Gran Valle, y funciona con éxito

·        La posibilidad de alojar en casas particulares (y de acceder a los fondos rotatorios para adecuar las casas) estaría abierta a todos los que quisieran participar

·        Este fondo rotativo, además, tendría una segunda consecuencia positiva, que sería la mejora de las viviendas

·        No se puede establecer albergues en todas las comunidades, ya que se trataría de una empresa costosa y muchas de estas infraestructuras, debido a lo estacional del turismo, estarían infrautilizadas

·        Ya algunas actividades turísticas requieren contratar servicios que sólo pueden hacer particulares, como los servicios de guías y de hospedaje o la contratación de mulas

·        En Ecuador hay ejemplos de que un modelo de desarrollo turístico de este es factible y exitoso

Por otro lado, el posicionamiento en contra de esta aplicación del modelo mixto al turismo se basa en las siguientes premisas:

·        Es verdad que el modelo de desarrollo propiciado tradicionalmente por la Corporación es mixto, pero nunca los medios de producción (terrenos, insumos,...) particulares han recibido apoyo de la Corporación para su mejora, como se propone en el caso del turismo (viviendas); aunque si es cierto que, siguiendo los principios del Comercio Justo, la Corporación compra por adelantado para cubrir los costos de producción

·        No es del todo cierto que la posibilidad de alojar esté abierto a toda la población, ya que no se trata de una comunidad homogénea social y económicamente; por el contrario, se trata de una sociedad relativamente diferenciada. Los pobres no tienen una casa adecuada para recibir turístas, ni tienden a acceder a fondos de crédito (supone un riesgo que no pueden asumir). En esta situación, la aplicación de un modelo mixto puede favorecer un aumento de las diferencias socioeconómicas y la gestación de procesos de conflicto, ya que el turismo se supone que ha de ser una actividad de beneficio comunitario

·        El turismo es una actividad que tiende a generar demasiadas expectativas, por lo que muchas familias pueden tomar la decisión de endeudarse en un fondo rotativo en la confianza de que la Corporación será capaz de atraer a Manduriacos una cantidad de turistas suficiente para que el negocio sea rentable. Existe un serio riesgo de endeudamiento o de caer en un círculo vicioso de atracción de turistas por encima del número considerado óptimo para dar viabilidad a las inversiones privadas

·        A la premisa de que no se puede construir albergues en todas las comunidades del Valle, se responde que no hace falta que los turistas se alojen en todas las comunidades: si los beneficios se destinan al Fondo Social, las comunidades que no reciban visitas también son beneficiadas

·        A la premisa de que ya algunas actividades turísticas requieren contratar servicios (alquiler de mulas, servicio de los albergues) que sólo pueden hacer particulares se responde que no es lo mismo contratar servicios, que se han de considerar financieramente como “costos”, que repartir beneficios

·        Es cierto que se puede tomar como referencia ejemplos exitosos de modelos mixtos de desarrollo turístico, pero también se pueden citar otros en los que ha sido un fracaso. No hay modelos de turismo sostenible aplicables universalmente; el modelo a elegir tiene que tener en cuenta las características contextuales e internas de la sociedad anfitriona.

A día de hoy, el debate sigue abierto; se está trabajando en reuniones y talleres que se realizan tanto en el Valle de Manduriacos como en Barcelona. Pero por el momento se ha abogado por establecer un Principio de Precaución: hasta no resolver el debate, y en la primera fase del programa de desarrollo turístico, se ha apartado el módulo consistente en implementar un fondo de crédito para acondicionamiento de viviendas para el alojamiento de turistas.

Conclusión

El debate abierto es un proceso de aprendizaje tanto para la Corporación Talleres del Gran Valle como para la Xarxa de Consum Solidari. Sea cual sea la decisión que finalmente se adopte, este proceso ha permitido a ambas organizaciones ser conscientes de que la elección del modelo turístico es esencial para asegurar un desarrollo sostenible, y que esta elección no es siempre sencilla: hay que considerar las características del modelo y su aplicabilidad al contexto y a las características sociales, culturales, políticas, económicas y medioambientales internas de la sociedad anfitriona.

Por otra parte, el desarrollo turístico de Manduriacos está permitiendo fortalecer la economía campesina, al diversificar sus actividades y aumentar los ingresos. Además, se trata de un turismo concienciado que, en algunos casos, al regresar a sus lugares de origen, participa en acciones y campañas a favor del Valle. No obstante, el éxito de este segundo objetivo es escaso: como ya hemos comentado, si bien la valoración de los viajes por parte de los turistas es muy buena, el número de ellos que entra a formar parte de los equipos de voluntariado de la Xarxa es bajo, tal vez porque esta organización no ha sabido aún ofrecer actividades que cubrieran sus expectativas.

Finalmente, cabe señalar que el interés de la Xarxa de Consum Solidari en el ámbito del turismo responsable también se ha materializado en el último año en la formación, junto con las organizaciones Sodepau y ACASC, de la xarxa per un turisme responsable ([2]), red que busca la discusión e impulsar acciones de sensibilización y presión a favor de modelos de turismo sostenible tanto en el Norte como en el Sur.

NOTA: Este artículo puede ser citado y reproducido libremente, con la única condición de señalar el nombre el autor, la organización a la que está adscrito y la ubicación original del texto.


[1]) Este programa, realizado conjuntamente con la organización Sodepaz, ha recibido el apoyo financiero de la Junta de Comunidades de Castilla – La Mancha.

[2]) Esta iniciativa ha sido apoyada financieramente por el Ajuntament de Barcelona – Programa Barcelona Solidària.