Hace unos días el Diario de Mallorca se hacía eco de una investigación que el geógrafo Ivan Murray está realizando sobre la huella ecológico en las Baleares. Su investigación pone en evidencia la insostenibilidad del modelo de desarrollo de la Isla, basado en un turismo receptivo de masas.
Reproducimos a continuación el artículo, y también linkamos un artículo publicado por el citado geógrafo hace unos años en el revista Medio Ambiente y Comportamiento Humano, en el que trata el mismo tema.
Diario de Mallorca. 13 de octubre de 2008
Cada habitante de Balears tendría que tener a su disposición 6,3 hectáreas para que el archipiélago pudiera ser medioambientalmente sostenible, lo que en definitiva se traduce en que serían necesarias casi 16 veces la superficie de las islas para mantener el actual nivel de vida en el archipiélago.
El geógrafo Ivan Murray está desarrollando una tesis sobre la huella ecológica de Balears. Este concepto, explica, sería el indicador agregado definido como el área de territorio ecológicamente productivo (cultivos, pastos, bosques o ecosistemas acuáticos) necesaria para producir los recursos utilizados y para asimilar los residuos producidos por una población dada con un modo de vida específico.
El objetivo de la huella ecológica es, por tanto, evaluar el impacto sobre el planeta de una determinada forma de vida. Es un indicador clave para la sostenibilidad y en él Balears sale bastante malparado.
Así, Murray especifica que, tirando a la baja, cada isleño necesitaría las citadas 6,3 hectáreas para mantener su actual tren de vida que se desglosarían de la siguiente manera: 5,12 hectáreas corresponderían a la huella terrestre y 1,17 hectáreas a la marina.
Huella turística
Según el geógrafo de la UIB, el archipiélago necesitaría ser 15,7 veces más grande en su extensión terrestre y tener una superficie marina 1,7 veces superior a la actual con una economía sustentada casi exclusivamente en el turismo.
Porque los visitantes que cada año eligen las islas para pasar su vacaciones también consumen recursos y dejan su huella ecológica. Murray también ha hecho sus cálculos para determinar el impacto de esta actividad.
Así, para una estancia media de diez días, cada uno de los aproximadamente doce millones de turistas que visitan el archipiélago cada año necesitaría 0,165 hectáreas. Sumado el total, sólo la actividad turística supondría una necesidad de 3,7 veces más de la superficie total de las islas y 0,4 veces la superficie marítima.
Para determinar el territorio que necesitarían los residentes en Balears para cubrir sus necesidades habría que restar estas últimas cantidades de la actividad turística a las primeras.
Así, sin contar con la principal fuente de ingresos de la comunidad, el millón de habitantes en las islas necesitarían una superficie terrestre casi doce veces mayor que la actual y una superficie marina 1,3 veces superior.
Para hacerse una idea de la magnitud de estas cifras, en todo el mundo cada ser humano necesitaría una media de 2,3 hectáreas y sólo hay 1,8 disponibles.
En la clasificación mundial de la huella ecológica aparece en primer lugar los Emiratos Árabes Unidos. Con una población de tres millones de personas, necesita una superficie de 11,9 hectáreas por habitante para satisfacer sus necesidades.
El segundo lugar lo ocupa estados Unidos, con sus 294 millones de habitantes y cada uno de ellos necesitaría 9,6 hectáreas. Canadá tendría una necesidad de 7,6 hectáreas mientras que las necesidades de la población española en general rondaría las 5,4 hectáreas por habitante.
Lugares muy alejados
La huella ecológica de la mayoría de los países desarrollados supera ampliamente su propia superficie ya que extraen recursos y vierten residuos en lugares muy alejados del planeta.
El modo de vida característico de los países más desarrollados y ricos del planeta no puede extenderse al resto de sus habitantes, pero las cosas no van por ese camino.
"China es el segundo emisor mundial de dióxido de carbono. Y el 65% de sus emisiones son causadas por la producción exportadora. China se está convirtiendo en la fábrica del mundo y el paraíso de la empresa", alerta Murray.
En cualquier caso, Balears, que para el geógrafo podría ser uno de los laboratorios mundiales de los análisis de la sostenibilidad, cada vez depende menos de sus propios recursos. "Importamos todo los recursos que utilizamos. Vivimos del paisaje", concluye.
Un turista llega con cincuenta kilos de carburante a sus espaldas
La dependencia energética de Balears de los combustibles fósiles para alimentar las centrales térmicas de Es Murterar así como Son Reus y Es Tresorer así como el intenso tráfico aéreo que cada año posibilita que lleguen a las islas doce millones de turistas suman para que las islas salgan malparadas en la sostenibilidad medioambiental. Cada turista, ha contabilizado Murray, lleva encima de sus espaldas cincuenta kilos de carburante nada más aterrizar en cualquiera de los aeródromos del archipiélago.
"En 1973, el 45% del consumo de petróleo estaba vinculado al transporte. En la actualidad, este porcentaje sube hasta el 60%. Estados Unidos actuó en la década de los noventa como gendarme del mundo y posibilitó un petróleo barato, a ocho dólares el barril, lo que ha favorecido la globalización. ¿Cómo si no se entiende que salga rentable consumir carne de cordero producida a doce mil kilómetros de distancia", se cuestiona el especialista en sostenibilidad medioambiental.
En Balears, el consumo energético se ha multiplicado por 13,8 desde los años 60 mientras que la población lo ha hecho por dos, se ha duplicado", ilustra Murray para quien esto es debido a la "proliferación de los objetos domésticos extravagantes. Desde los años noventa hasta la actualidad el consumo energético ha aumentado un 70% y, sinceramente, ¿se vivía tan precariamente en esos años para justificar este aumento del consumo?".
Artículo de Ivan Murray El pisotón ecológico (y empresarial) en las Islas Baleares
Octubre de 2008