Hace unos días se abrió el Hotel Barceló Raval, un monstruo de 15 pisos destinado al turismo de lujo enclavado en el corazón del barrio más popular de la ciudad de Barcelona, el Raval. La inauguración se celebró con una manifestación de protesta en su puerta, que coincide, en uno de esos bucles rocambolescos de la historia, con el lugar en el que fue asesinado el líder sindical Salvador Seguí “El Noi del Sucre” en 1923 por pistoleros contratados por la patronal. Este hotel no es más que el símbolo de la especulación urbanística que está arrasando la ciudad de Barcelona y, concretamente, uno de sus barrios más representativos, pero en los que habitan sectores de la población que molestan: básicamente, ciudadanos con escaso poder adquisitivo.
A continuación reproducimos dos artículos publicados en mdios alternativos recientemente. El primero explica qué representa el Hotel Barceló Raval. El segundo, la “conquista” de Ciutat Vella (el distrito en el que se encuentra el barrio del Raval) a golpe de infraestructura turística.
barcelona.indymedia.org. Cordinadora contra l'Especulació del Raval. 22/9/08
No es de ahora ni es ningún secreto la voluntad del Ayuntamiento de Barcelona de entregar la ciudad como producto y en particular su centro histórico, Ciutat Vella, al desmadre consumista y al descontrol del turismo masivo. Hace apenas unas semanas, el alcalde Jordi Hereu en reunión con los máximos representantes de la industria hotelera, afirmaba que «Barcelona puede asumir más turismo, tanto de vacaciones como de convenciones y congresos». Antes que él, la regidora de Districte Itziar González, que al jurar su cargo perjuró que devolvería el distrito a los vecinos, anunciaba que El Raval debía ser la puerta de entrada para los miles de turistas que llegan a la ciudad en cruceros.
Las cifras son igual de explícitas que las declaraciones de los representantes municipales: actualmente hay 30.000 plazas hoteleras en toda Barcelona según fuentes municipales y sólo en el centro existen 80 hoteles y se han concedido 23 licencias en dos años. Prácticamente una vez al mes, los servicios técnicos de Ciutat Vella han dado vía libre a un hotel.
Detrás de las palabras y los números que hablan del turismo como de una bendición o de una plaga que hay que asumir, se trata de ocultar una reforma urbanística que sigue ejecutándose en su última fase pero a la que se pretende tratar cómo si nunca hubiera existido. Los niveles actuales de hiperexplotación turística son el fruto de prácticamente veinte años —el asalto a Ciutat Vella se inició en 1989— de expropiaciones, expulsión de vecinos, destrucción de edificios y abusos institucionales, de una prolongada operación a corazón abierto y a sangre fría o hirviendo según las necesidades, que hoy culmina con desgraciado éxito.
De esa historia que ahora parece sujeta a desaparecer y en cuya caja negra se ocultan como mínimo 7.000 vecinos desplazados en toda Ciutat Vella según calcularía en su momento el periodista Josep María Huertas, la Operación Illa Robador es digna representante y el Hotel Barcelò la guinda de la guerra a los vecinos. Allí donde ahora se erigen el hotel, las cooperativas de viviendas o la futura Filmoteca, fueron destruidos en su momento 50 edificios, 450 viviendas y 93 locales comerciales, de cuyas consecuencias sociales directas e indirectas todavía hoy no se han dado cifras, pero que se traducen en cientos de vidas quebradas por el urbanismo salvaje, la especulación inmobiliaria y el mobbing.
El Hotel Barcelò es una bandera, la demostración de que se ha conseguido entregar el territorio al mercado; y también es un desafío, porque con su presencia pretende anunciar el futuro de un barrio rematado a su imagen y semejanza. Es, como toda la nueva illa, un armatoste construido sin el barrio y contra el barrio, que con su gemelo, el Hotel Vela en La Barceloneta, es una prueba de la anchura y la altura del compromiso entre las instituciones y el negocio privado. Una prueba, en este caso, de diez pisos y 38 metros de altura.
La de hoy, por tanto, no es la inauguración de un hotel sino la ceremonia de clausura de veinte años de desvergüenza política y urbanística en El Raval. Aunque todavía queda daño por hacer y fuera de los focos que iluminan el hotel pero a pocos metros se repite la violencia urbanística cada día, la celebración de la apertura del Hotel Barcelò es la representación con la que sus responsables y beneficiarios festejan el final de una toda una época de destrucción social y urbana.
Revista Masala n.43. 18/9/08
A pesar de las restricciones del Plan de Usos de 2005 el Ayuntamiento ha concedido más licencias anuales que antes de su aprobación.
Las supuestas medidas restrictivas aplicadas desde 2005 al negocio hotelero en el distrito no han afectado a su ritmo de crecimiento ni al número de licencias concedidas desde entonces por los servicios técnicos en Ciutat Vella.
La aprovación del Plan de Usos, lejos de frenar el ritmo de licencias de apertura ha estado a punto de duplicarlo.
Con 10 nuevos hoteles, Las Ramblas acumularán 2700 plazas hoteleras, y prácticamente un tercio de los establecimientos hoteleros de Ciutat Vella. Si en el periodo 2001-2005 la media de licencias concedidas fue de alrededor de 7 anuales, entre 2005 y 2007 se licitaron 23 hoteles en Ciutat Vella, cerca de uno cada mes. Los números son más significativos todavía si se comparan con las 17 licencias concedidas entre 1996 y 2001, apenas 3 anuales. Como indican estos datos, hechos públicos por el Ayuntamiento a principios de julio, la aprobación del Plan de Usos hace ahora tres años, lejos de frenar el ritmo de licencias de apertura ha estado a punto de duplicarlo, contribuyendo así a unas cifras de crecimiento que siguen provocando la euforia de los empresarios del ramo.
En un boletín publicado en mayo bajo el título "Visión de Mercado-Hoteles Barcelona" la multinacional inmobiliaria CB Richard-Ellis ofrece algunas cifras que hablan por sí solas: el aumento hasta una media de 119 euros por noche y habitación del precio de la estancia hotelera en Barcelona, las 13 millones de pernoctaciones registradas en 2007, que el 75% de los establecimientos hoteleros sean de 3 ó 5 estrellas o que el 59% de éstos sea propiedad de alguna cadena, son datos que hablan de la excelente salud de esta actividad. Este mismo informe sitúa a Ciutat Vella junto con el Eixample como las dos zonas "prime" (principal) en cuanto a nivel de ocupación, facturación y beneficios del sector en Barcelona.
Una previsión significativa aportada por el Districte de Ciutat Vella son los 10 nuevos hoteles que abrirán sus puertas en los próximos años en Las Ramblas. Esta vía hiperexplotada y que ya hoy cuenta con al menos 17 hoteles, 1.738 habitaciones y 29 restaurantes, tendría que soportar en ese caso unas 2.700 plazas hoteleras y pasaría a acumular prácticamente un tercio de los establecimientos hoteleros de Ciutat Vella.
Al cuadro hay que añadirle la intención anunciada en mayo de este mismo año por el Districte y la Fundació Tot Raval –entidad formada fundamentalmente por empresarios de la zona y estrecha colaboradora de la política municipal- de atraer a El Raval los millares de turistas que atracan cada año en Barcelona, llegados en cruceros de lujo. Declaraciones que si bien se referían a El Raval son asimilables al resto de barrios del distrito.
Todo lo dicho choca con las promesas hechas al principio de esta legislatura, hace apenas año y medio, de devolver Las Ramblas y el distrito en general a la ciudad y a los vecinos y de limitar lo que la propia Itziar González calificó de "usura" en el uso del espacio público. Sin ir demasiado lejos, el pasado 23 de julio Jordi Hereu comparecía junto con los principales representantes del Consorcio de Turismo de Barcelona, con un mensaje que deja lugar a pocas dudas: "Barcelona puede asumir más turismo, tanto de vacaciones como de convenciones y congresos. Esta idea la defendieron ayer con firmeza el alcalde de Barcelona, el socialista Jordi Hereu, y los responsables del Consorcio Turismo de Barcelona, Pere Durán y Joan Gaspart" (El País).
Las medidas legales aprobadas en su momento respecto a las licencias de hotel y el voluntarismo verbal demostrado desde hace cuatrocientos y tantos días, visto lo visto, son papel y palabras ante un modelo de monocultivo turístico que ya es un monstruo con vida propia. Las 55.000 plazas hoteleras que alcanzará este año Barcelona, celebradas con bombo, platillo y batucada, y un Plan Estratégico diseñado para el periodo 2010-2015 destinado a incrementar los niveles de explotación turística, dicen suficiente sobre con qué se sueña al respecto en el Ayuntamiento.
Octubre de 2008