Durante décadas se nos ha vendido que el turismo permite revitalizar y valorar la cultura autóctona, en una afirmación gratuita que pocas veces se sostiene empíricamente. Por lo general, lo banaliza y lo convierte en souvenir o producto de consumo para el visitante, cuando no las destructura como resultado de determinadas “demandas” que sugen al albur de la actividad turística, como la prostitución. Un ejemplo lo estamos viviendo hoy en Catalunya.
Hay que hace un paréntesis para explicar el contexto en el que se está desarrollando el fenómeno. Deteminados medios de comunicación de carácter conservador y nacionalista-españolista, pero opuestos al equipo que gobierna y controla el principal partido conservador español, el Partido Popular, ha iniciado una campaña reclamando que se refuerce el castellano (que tiene más de 400 millones de hablantes en todo el mundo) frente a lenguas como el catalán (con seis millones) o el euskera (con unos cientos de miles de hablantes). El objetivo de la campaña es impedir que el Partido Popular pueda llegar a acuerdos con los partidos conservadores regionales de Cataluña y Euskadi, partidos que, aunque conservadores, también son fuertemente nacionalistas pero de sus nacionalidades.
Esta lucha que se da dentro del derechista Partido Popular y su entorno mediático se ha materializado en un manifiesto a favor de la lengua castellana que han firmado personajes mediáticos de diversa procedencia y... la Mesa de Turismo, plataforma de lobby conformada por algunas de las principales empresas españolas del sector. La Mesa del Turismo afirma que el catalán es una traba para los turistas.
Por cierto, entre los socios dela Mes del Turismo está la empresa pública RENFE. Esperemos que el Ministerio de Fomento llame la atención al Director General de Servicios de Transporte de AVE y Grandes Líneas RENFE, el señor Abelardo Carrillo, representante de RENFE en la Mesa del Turismo, ante semejante intromisión en políticas públicas que no le competen.
A continuación reproducimos una nota informativa sobre la firma de la Mesa del Turismo del Manifiesto de la Lengua, y la réplica que les ha dado, en un artículo de opinión, el Director General de Turisme de Barcelona.
ABC. 15 de julio de 2008
La Mesa del Turismo, entidad de la que forman parte empresarios destacados del sector «locomotora» de la economía española, emitió ayer un comunicado en el que expresa su respaldo al Manifiesto por la Lengua Común en razón de que, según se recoge en la nota, «la diversidad lingüística autonómica ocasiona problemas en cuestiones como la señalización de carreteras y aeropuertos» y porque «en varias comunidades autónomas no se respeta la cooficialidad de los idiomas, lo que supone una dificultad en los viajes tanto para los turistas nacionales castellanohablantes como para los extranjeros». Problemas a los que se suma, denuncian, «los perjuicios ocasionados por el carácter disperso de la legislación autonómica relacionada con el turismo».
«Pensando en los clientes»
Félix Arévalo, secretario general de la Mesa del Turismo, ha explicado a este diario que la iniciativa parte de un razonamiento «de sentido común. El comunicado no responde a planteamientos técnico-académicos que no nos corresponden, ni a un papel político que, por supuesto, tampoco nos atañe. Simplemente, nosotros debemos dar las mayores facilidades posibles a nuestros clientes, lo que es extensible a cualquier empresa privada, y en esa obligación nos topamos con dos cuestiones objetivas que suponen una rémora: las señalizaciones de carreteras, estaciones o aeropuertos. El turista llega con su guía y sus mapas y se encuentra con carteles que no se corresponden con su información. Además, lo habitual es que el visitante tenga alguna noción de español, que es una lengua con cientos de millones de hablantes, y no con conocimiento de las otras lenguas peninsulares. Por eso queremos dejar constancia de que el hecho de que en muchas ocasiones no se respete la cooficialidad del castellano, que es lo que está ocurriendo, no beneficia a nuestro sector».
Según detalla su presidente, Juan Andrés Melián, la Mesa del Turismo agrupa a empresarios y directivos de todas las ramificaciones del sector (ya sean agencias de viaje, compañías de transporte u hoteles) «que no constituyen una patronal, sino un grupo de opinión». Ampliamente representativo, eso sí, por cuanto entre los nombres de los socios figuran el del actual presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán (que no está en la Mesa como cabeza de esa organización patronal, sino en calidad de presidente de Viajes Marsans) o el del presidente de Ifema, Fermín Lucas, además de los de destacados representantes de compañías de primera línea como Iberia, Air Berlín (que ya libró su particular batalla lingüística en Baleares), Hertz, Avis, Amadeus, Renfe, Occidental Hoteles o Binter. Con estos mimbres, explica el secretario general, Félix Arévalo, la entidad funciona desde hace años «con el fin de favorecer el turismo en general. No somos portavoces de reivindicaciones sectoriales, porque ésas estarían segmentadas en las que afectan a agencias de viajes, hoteles o transporte y las gestionan las asociaciones de cada uno de esos ramos». También relata Arévalo en qué medida han participado los socios (algunos de ellos especialmente relevantes) en la elaboración y difusión del comunicado: «Las cuestiones que nos interesan y conciernen las debatimos en reuniones periódicas a las que, lógicamente, hace tiempo que no asiste Gerardo Díaz Ferrán, absorbido por sus ocupaciones. Y notas como la que ahora hemos lanzado las elabora la directiva de nuestra entidad como «toque de atención» que sabemos que está en sintonía con las preocupaciones de los socios» de la entidad.
Pere Duran i Vallossera, Director General de Turisme de Barcelona. El Periódico de Catalunya. 15 de julio de 2008
A la Mesa del Turismo me gustaría recordarle los verdaderos problemas que a mi juicio aquejan al sector y a la economía en general. Dicha Mesa se preocupa por apuntarse a debates estériles e interesados, como el supuesto castigo que se inflige al castellano en Catalunya y en otras autonomías; dedica su tiempo a abonar campañas ajenas a la gestión turística y a la economía en sí, y se presta al juego poco honesto que plantea el Manifiesto por la lengua común. Ante estas ocupaciones añoro empresarios con sentido de la economía, con conocimiento del mercado, y no pendientes de inercias gratuitas que contribuyen a sembrar cizaña entre personas y comunidades.
A esos empresarios, acostumbrados a crear riqueza y puestos de trabajo, les recomendaría que, antes de preocuparse por una inverosímil mengua del castellano, se ocupen, por ejemplo, de los niveles de formación del personal del sector o del prestigio del turismo, a menudo denostado como actividad económica. Ese sí que es un problema. Esa sí que es una cuestión que debería ocupar a nuestros líderes sectoriales.
PORQUE ANTE ese desatino, nada más fácil que recordar desde Turisme de Barcelona que el catalán, en nuestra comunidad, no es percibido en absoluto como un problema por el turismo. Lógicamente. Según un estudio reciente, desarrollado por la empresa DYM por encargo del consorcio de promoción turística de la ciudad, el 94,1% de los 7,1 millones de turistas que recibió Barcelona en el 2007 no tuvieron ninguna dificultad con el catalán, frente al escaso 5,9% que contestó que sí a esa pregunta específica. Se da la circunstancia de que entre esas pocas respuestas afirmativas la mayoría corresponde a personas de otros territorios del Estado. A saber: un 9,9% de los españoles asegura haber topado con problemas respecto de la lengua, frente al 3,7% de británicos --el principal mercado internacional de Barcelona-- que responden en esa misma dirección.
Los italianos que también dicen tener problemas con el catalán son el 4,6%, y el 4,1% de los franceses, una nacionalidad que está convirtiendo Barcelona en la capital oficiosa de la mitad sur de su país. Sin olvidarnos de los dos principales emisores de turismo internacional, que son Estados Unidos y Alemania, cuyos ciudadanos niegan haber tenido dificultades con el catalán en el 96,3% y el 97,9% de los casos, respectivamente.
Es decir, que los ciudadanos de los países más acostumbrados a practicar turismo en el exterior --Reino Unido, Italia, Francia, Estados Unidos, Alemania---- niegan que el catalán, en los territorios donde esta lengua es oficial, sea ningún obstá- culo para nada, y menos para la actividad turística.
Es más, preguntados por la valoración de la identidad cultural catalana como atractivo turístico, los visitantes extranjeros en Barcelona consideran que es "buena" en el 92,2% de los casos, según otro trabajo de análisis realizado por Consultur.
Complementariamente, son también el 88% de los turistas españoles los que consideran la cultura catalana como un atractivo para visitar Barcelona y Catalunya. También se da aquí esa doble escala de valoración entre los ciudadanos con pasaporte de otros países y los turistas españoles.
Es de sentido común. La gran aceptación turística internacional de Barcelona no es compatible con teorías tan peregrinas. Para nada limpias. Para nada profesionales. Porque lo que no se puede negar en este caso es la vocación internacional de Barcelona. Una proyección que no extrañará a ningún conocedor de la realidad.
Por lo que concierne a la labor de Turisme de Barcelona, me gustaría destacar que el 90% de las acciones de promoción que llevamos a cabo se desarrollan en el extranjero, lógicamente en los idiomas más adecuados en cada país que visitamos. O, sin ir más lejos, los 25 idiomas en los que nuestra red de oficinas de información turística --hasta 20 puntos en temporada alta-- puede atender a los visitantes que se acercan a ellas en busca de ayuda, consejos y servicios.
EN ESTE terreno, por lo tanto, no es oportuno considerar que, en Barcelona en este caso, la lengua es algo excluyente. Como no lo es tampoco en otras latitudes, donde se considera riqueza y atractivo turístico la posesión de una lengua propia. Es el caso, por ejemplo, del gaélico en Irlanda y País de Gales. Una lengua que se ofrece como un gancho turístico más, y que es defendida por las instituciones del país.
Imagino que nada más fácil para un nacionalista español que molestarse por la pervivencia del catalán. Lo siento. Su animadversión no es buena consejera, y es también injusta. Por favor, no saquemos las cosas de quicio. En Catalunya, donde se habla catalán y castellano, no hacemos de la lengua un problema. Los millones de personas que cada año nos visitan así lo atestiguan. Nos gusta que en Barcelona se sientan en su casa. Pero nos desagradan los debates arrojadizos que para nada favorecen al sector. Un sector que se merece seriedad y buenas prácticas. Un sector que necesita dotarse de mayor rigor. Y no de actitudes desenfocadas.
Julio de 2008