El grave deterioro ambiental que ha provocado el crecimiento masivo del turismo en Quintana Roo es algo que empieza a ser ya bastante conocido. Grupos ecologistas en la zona como el Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA) o el Grupo GEMA han aportado infinidad de informaciones, denuncias y pruebas. En esta ocasión las fotografías aéreas obtenidas en un vuelo sobre la Riviera Maya ha puesto más en evidencia la grave erosión de las playas de la costa caribe de Quintana Roo. Reproducidos dos artículos de Noticaribe en los que se da detallada cuenta del impacto provocado y cómo esta misma erosión de las playas provocada por el modelo de desarrollo turístico en la zona ha acabado poniendo en peligro la misma actividad turística.
Noticaribe. 28 de enero de 2008
El desarrollo acelerado de la industria turística en Quintana Roo está dejando huellas cada vez más visibles e irreversibles en el ambiente, sobre todo a lo largo de la franja costera de la Riviera Maya, que de forma paulatina está siendo devastada para edificar los nuevos proyectos hoteleros con los que se espera atraer cada vez a más turistas.
Desde Tulum hasta Puerto Morelos, por doquier se puede apreciar el avance de los nuevos complejos turísticos a costa de la selva y el manglar que, sin pena ni sanción, han sido desmontados, en la inmensa mayoría de los casos, metro por metro, sin literalmente dejar un manchón verde o por lo menos una rama de lo que sea. En un sobrevuelo realizado este fin de semana, donde se tomaron más de 400 fotografías que documentan el avance depredador de la industria turística, se pudo observar cómo los grandes, pero también los pequeños desarrollos, están haciendo lo que quieren con el medio ambiente, violando en muchos de los casos las propias autorizaciones que la propia Semarnat les ha autorizado sin que esta dependencia se de por enterada. Sin embargo, entre los proyectos más impactantes por el grado de destrucción se encuentra el desarrollo Costa Turquesa, en pleno corazón de Playa del Carmen, donde las casi 391 hectáreas con que cuenta este predio han sido ya, apenas en los últimos meses, devastadas casi en su totalidad. Hasta el 2005, cuando la familia Rangel Castelazo inició los trámites para obtener los permisos para detonar un desarrollo de poco más de dos mil habitaciones hoteleras, este predio, visto desde el aire, era un manchón de selva y manglar que, de no ser por la mancha urbana que ya lo rodeaba, se supondría un territorio virgen.
Pero fue ese mismo año cuando, sin siquiera tener los permisos que finalmente le fueron otorgados en el 2006, los inversionistas empezaron con el desmonte del predio sin que autoridad alguna les dijera algo, a pesar de que el caso fue documentado en la prensa y de que era claro que no tenían autorización. No obstante, hoy, desde el aire se puede apreciar que el daño ha sido casi total e irreversible, ya que más de la mitad del predio, es decir, alrededor de 200 hectáreas, han sido totalmente taladas, mientras que el resto presenta daños de consideración por la apertura de brechas y caminos.
Cabe mencionar que en el 2006 la Semarnat autorizó el Plan Maestro de este proyecto con una larga serie de condicionantes que es obvio que no se han cumplido, pero hasta el momento ningún hotel ha sido autorizado, ya que cada proyecto específico tiene la obligación de presentar su correspondiente Manifestación de Impacto Ambiental para obtener sus respectivos permisos. No obstante, en el predio de Costa Turquesa, precisamente en la parte más devastada, se está construyendo desde hace meses el complejo turístico Playa del Sol, del grupo canadiense Cantex.
El grupo español Sol Meliá, por su parte, está a la espera de que la Semarnat les autorice un proyecto de poco más de 960 habitaciones para comenzar a construir en la parte norte del predio de Costa Turquesa que es, por el momento, la zona menos afectada. Pero más al norte se están construyendo otros proyectos hoteleros que tampoco están dejando nada de selva y manglar a su paso, como lo es el complejo condominal “Mareazul”, que es el primer desarrollo turístico del Grupo español Grand Coral dentro del magno complejo que también se llamará Grand Coral, donde se invertirán en un plazo de diez años más de dos mil 500 millones de dólares.
Otro caso significativo lo representa el complejo Capella Bahía Maroma, al sur del desarrollo turístico Iberostar Playa Paraíso, donde apenas la semana pasada el gobernador Félix González Canto hizo acto de presencia para colocar la primera piedra del proyecto de manera simbólica. Y fue de manera simbólica porque las obras ya comenzaron desde hace varios meses y, a pesar de que el desarrollo ya se está promocionando como un lugar super exclusivo rodeado de vegetación, con un hotel de 83 habitaciones que tendrá categoría de siete estrellas y 127 lujosísimas villas, se puede apreciar una extensa porción del terreno totalmente desmontada.
La enumeración de los proyectos que actualmente están en construcción y que flagrantemente están desmontando todo para asentar sus cimientos podría seguir por varias hojas más, aunque quizá ello no tenga ningún efecto porque hasta ahora las autoridades municipales, estatales y, sobre todo, las federales, se siguen negando a ver el severo daño que se está causando a la zona costera de la Riviera Maya.
Se supone, o al menos eso es lo que se dice en el discurso oficial de cada nueva inauguración o colocación de nuevas piedras, que los modernos y lujosos hoteles que se están construyendo llevarán a la Riviera Maya a otro nivel de desarrollo, aunque no se aclara que será a costa del medio ambiente.
Urgente llamado a la Profepa
Patricio Martín, representante en Quintana Roo del Centro Mexicano de Derecho Ambiental, dijo la destrucción del medio ambiente a todo lo largo de la zona costera de la Riviera Maya es algo más que paulatina, ya que a veces de un mes a otro empiezan construir un nuevo desarrollo y el paisaje cambia radicalmente, con desmonte total de selva y manglar para dar pie a los nuevos hoteles. En entrevista telefónica, dijo que precisamente este lunes estará en México para participar en una reunión con Organizaciones No Gubernamentales (ONG´s) para tratar de definir una estrategia en torno a la polémica sobre los manglares y los intentos de grupos empresariales y políticos de dar marcha atrás a las reformas en la Ley General de Vida Silvestre.
Adicionalmente, se reunirán con algunos de los nuevos funcionarios de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), que ahora preside el ex gobernador yucateco Patricio Patrón Laviada, para entregarles los antecedentes de lo que está pasando con el medio ambiente en Quintana Roo, porque la problemática no se concentra sólo en la Riviera Maya. Comentó que aunque el nombramiento de Patricio Patrón Laviada ha sido cuestionado por no tener la experiencia ni el perfil, habría que darle el beneficio de la duda porque después de todo el cambio es positivo porque ya no se podía estar peor que como se estuvo con el anterior titular de la Profepa. Es importante ver de quienes se rodea el nuevo funcionario, es decir, si serán personas con alto nivel técnico, para saber si habrá voluntad y capacidad de actuar contra la depredación ambiental, observó.
Anotó que aunque la delegada de la Profepa en Quintana Roo parece una persona decente, nunca tuvo el apoyo de la dependencia a nivel central y el grado de inacción que se tenía era de preocupar. Esto dio pie a versiones difíciles de comprobar pero que por los hechos pudieran parecer reales con respecto a que había instrucciones de no iniciar demandas penales contra desarrolladores o había instrucciones directas para dejar hacer lo que quisieran a grupos de inversionistas específicos que tenían el aval de políticos de alto nivel.
Advirtió que al igual que ya ha empezado a ocurrir en Cancún, donde se han registrado clausuras y revocaciones de proyectos polémicos como Grand Island o Punta Nizuc, además de que otros proyectos no han sido autorizados, urge que también en la Riviera Maya se tomen decisiones drásticas porque el nivel de devastación es alarmante. Recordó que por parte de los desarrolladores hay un 99 por ciento de incumplimiento de las condicionantes ambientales impuestas en la autorización de las diferentes Manifestación de Impacto Ambiental y la autoridad, pese a conocer el problema y tener información directa de casos específicos de violaciones e irregularidades, no ha actuado.
Señaló que lo que está pasando en Quintana Roo no solamente es un daño ambiental sino también un daño económico porque la destrucción de la selva y el manglar al final repercutirán en la propia viabilidad turística del destino. En el caso específico del desarrollo de Costa Turquesa, donde la selva y el manglar han sido totalmente devastadas, se ha hecho todo lo que se tenía que hacer: se han puesto denuncias formales y la depredación ha sido ampliamente documentada con fotografías en los medios y no ha pasado nada de nada.
Noticaribe. 29 de enero de 2008.
Mientras los hoteleros de la Riviera Maya viajaron a Madrid para atraer más visitantes durante la Feria Internacional de Turismo (Fitur 2008), considerado uno de los eventos más importantes para el sector en toda Europa, aquí el problema de erosión de playas es cada día más severo, sobre todo en la zona de Playacar, el exclusivo desarrollo hotelero en la parte sur de Playa del Carmen.
La perdida de playas en este complejo hotelero –donde se concentran los veinte centros de hospedaje más rentables de todo el destino mismos que juntos representan una oferta superior a las cinco mil habitaciones- no se ha podido frenar con todo y que
en el último año los hoteleros colocaron de manera provisional, urgente y desesperada, una larga carrera artificial para disminuir la fuerza del oleaje.
Sin embargo, la barrera artificial no ha logrado los resultados esperados y, por lo contrario, se ha provocado un nuevo daño visual a la imagen del destino, ya que los espigones, ennegrecidos por el moho, afean, irremediablemente, el horizonte. Tras un sobrevuelo realizado la semana pasada, se pudo constatar que la larga línea de espigones colocadas en toda la zona hotelera de Playacar casi de manera ininterrumpida, no ha tenido ningún efecto, de ahí que los hoteleros insistan en la necesidad de recuperar arenales mediante un sistema de bombeo, similar al que se realizó en Cancún.
Aunque algunos hoteles no tendrían permisos ambientales para la colocación de los espigones, igual se colocaron como último recurso para detener la fuerza del oleaje. En la mayoría de los casos los espigones fueron ubicados de manera paralela a la línea costera, aunque a simple vista son los que menos resultados han logrado, ya que los espigones colocados de manera perpendicular han conseguido, aunque de manera limitada, recuperar algo de arena, pero ello depende de la dirección de las corrientes.
En algunos casos como el hotel Roya Hideaway, considerado el más exclusivo de toda la zona, el mar golpea rutinariamente una de los edificios del hotel, pese a que allí se colocó una doble fila de espigones que ya fue totalmente rebasada. La erosión, incluso, afecta al Riu Palace, el hotel más nuevo de todo el complejo, inaugurado a principios del 2005 con una playa, en ese entonces, envidiable.
Las fotografías aéreas que se tomaron en la zona de Playacar ilustran de forma dramática la lucha casi perdida contra la erosión. Con tantos espigones, lo que se mira a lo largo de ese complejo hotelero y residencial es una línea costera totalmente deformada, con quiebres drásticos en algunos puntos, por lo cual no es de extrañar que, como reconoció el propio Jean Agarrista Marfín, presidente de la Asociación de Hoteles de la Riviera Maya, se estén registrando cancelaciones de turistas por efectos de la erosión.
Los turistas que visitan Playa del Carmen lo hacen buscando mayoritariamente sol y playas, pero cuando las playas han desaparecido o están seriamente afectadas por la erosión y hay que caminar y nadar entre sacos y espigones nada atractivos para la vista, es normal que los turistas se vayan.
El problema, que no es exclusivo de Playa del Carmen, sino que ha empezado a afectar a todo el Caribe, sin embargo, podría tener fuertes repercusiones en la economía de todos estos países.
De acuerdo con una entrevista realizada en República Dominicana al director del Programa de Naciones de Unidas para el Medio Ambiente en América Latina (PNUMA), Ricardo Sánchez, éste vaticinó que la presencia de turistas en el Caribe podría disminuir hasta 25%, debido a los problemas de elevación de los niveles del mar por el calentamiento global, lo que apunta a una disminución de las playas y la afectación de los arrecifes de coral. Según esta información, distribuida por el sistema de noticias Caribbean News, el funcionario advirtió en rueda de prensa que cada día los fenómenos naturales tendrán mayor intensidad y frecuencia, además de que el cambio climático adicionará problemas como la elevación del nivel del mar y pérdida de especies por cambios en el hábitat.
Erosión, viejo problema sin solución
Aunque el problema de erosión de playas en ese sector tiene muchos años, fue a partir del 2005 cuando la pérdida de arenales se empezó a convertir en un motivo recurrente de queja entre los hoteleros.
En su momento, el avance de la erosión fue documentado con un sobrevuelo realizado en el primer trimestre de ese año, pero en ese entonces no se imaginaban que en la segunda mitad del año se presentarían dos poderosos huracanes, “Emily” y “Wilma”, que agravaron que manera dramática el problema.
Tras el paso de los fenómenos hidrometeorológicos, muchos hoteles literalmente se quedaron sin playas porque las olas empezaron a golpear las estructuras más cercanas al mar y, en algunos casos, a derribar parte de ella.
Con la reconstrucción, los hoteles de Playacar recobraron el lustre que tenían antes del huracán, pero no pasó lo mismo con las playas, las cuales no se recuperaron de manera natural, y los hoteleros vieron como sus arenales disminuían al ritmo que aumentaban las quejas de los turistas por la impresión de llegar a hoteles que, en algunos casos, ya no tenían ni un pedazo para playa para asolearse.
Fue entonces que de las quejas de los hoteleros, se pasó a lanzar una iniciativa conjunta para lograr un proyecto integral de recuperación de playas que abarcara no sólo la zona de Playacar, que era la más afectada, sino también la parte centro y norte de Playa del Carmen, que también está sufriendo en diversos grados por la pérdida de arenales. En total serían 12.8 kilómetros de litoral costero que serían rehabilitados, desde Xcaret hasta la zona donde se encuentra el complejo Mayakobá, delante de Xcalacoco.
El proyecto, armado de manera acelerada con todo y Manifestación de Impacto Ambiental, fue aprobado en febrero del 2006, pero hasta la fecha no se ha podido poner en marcha por falta de recursos, según ha confirmado en diversos foros el presidente municipal. Jean Agarrista Marfín, líder de los hoteleros en la Riviera Maya, no obstante, ha dicho que las cadenas tienen la disposición de poner el dinero, pero que existen algunas trabas administrativas para poner en marcha sólo una parte del proyecto, que es la que se necesita de manera urgente, puesto que para realizar la totalidad del proyecto falso consenso, sobre todo al momento de aportar recursos.
Hoy, cuando la Riviera Maya anda en busca de más turistas para llenar sus casi 35 mil
habitaciones, la perdida de playas representa un problema crítico que se tendrá que resolver en el corto plazo, porque de lo contrario se corre el riesgo de empezar a retroceder en la afluencia de visitantes
Para ver fotografías aéreas: pinche aquí
Febrero de 2008