Presentan campaña contra la explotación sexual comercial de niñas y niños en Nicaragua

Durante el pasado mes de agosto de 2007 se presentó públicamente la Campaña contra la Explotación Sexual Comercial de Niños, Niñas y Adolescentes impulsada por las Comunidades Eclesiales de Base y apoyada por diversos organismos. Esta campaña, conocida popularmente como “proyecto samaritanas”, refuerza el trabajo que desde hace años vienen realizando las Comunidades Eclesiales de Base, con el padre Arnaldo Centeno como cabeza más visible, de acompañamiento a los niños, niñas y adolescentes explotados sexualmente.

La explotación sexual comercial de menores de edad en Nicaragua es un fenómeno muy preocupante. Se trata de algo mucho más amplio y complejo que no puede atribuirse en exclusiva al crecimiento del turismo en el país, pero sin duda existe una relación con el aumento de la demanda de servicios sexuales con niños, niñas y adolescentes por parte de clientes extranjeros. Nicaragua, desgraciadamente, empieza a formar parte ya de los llamados “paraísos de turismo sexual”.

Presentamos a continuación las palabras del padre Arnoldo Centeno en la presentación pública en Managua el pasado 17 de agosto de 2007.


CEBs lanzan campaña contra la mal llamada prostitución infantil

Por Arnaldo Zenteno. Managua, 17 de agosto de 2007

Esta campaña que estamos lanzando las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) y Mais, junto con otras 10 organizaciones, tiene un objetivo muy claro: sensibilizarnos y sensibilizar la opinión pública ante un delito muy grave, un crimen: la explotación sexual comercial de niñas-niños y adolescentes. Explotación que se disfraza o diluye si le llamamos "prostitución infantil". Las niñas-niños no se prostituyen, los prostituyen y los explotan por dinero.

Partimos de dos hechos que sumados aumentan la gravedad de lo que está pasando.

Muchas niñas y niños son explotados sexual comercialmente. Y ante ese hecho evidente hay una tremenda indiferencia o pasividad en nuestra sociedad.

El hecho está allí a la vista de todos. Hay niñas y adolescentes en los focos de prostitución en nuestras calles. Hay menores de edad en salas de masaje, en bares y discotecas. Hay menores de edad en las salidas de las carreteras esperando el furgón o el vehículo que las levante. Hay niñas y adolescentes que desaparecen, y vemos lacónicamente el anuncio en los periódicos o lo escuchamos en la radio. Quien va por Granada ve casos claros de turismo sexual. De cuando en cuando sale la noticia de que atrapan a un señor o señora -rufián o rufiana- que intentan sacar a menores de edad por la frontera. Salió un caso de un pornógrafo vía internet, pasó el caso y ya. Pero tal vez cuando estás en internet, ves a tu vecino de computadora viendo imágenes pornográficas de niñas o niños, y no dices nada. Y como eso tantos otros casos.

Allí está el hecho. Pero tal vez, como dice el Evangelio: teniendo ojos, no vemos, teniendo oídos no escuchamos ese clamor. No podemos negar que hay una gran pasividad, indiferencia y tolerancia ante ese hecho tan grave de la explotación sexual comercial infantil. Y lo que es peor, para justificar nuestra pasividad se dicen "razones" que son sinrazones, para justificar o quitar la gravedad a ese hecho.

Se llama "prostitución infantil" como si fuera un trabajo, como si una niña-niño pudiera prostituirse. Lo prostituyen. Es prostituido. Lo explotan comercialmente.
 
Es un modo de "ganarse la vida". Más bien es un modo de perder la vida, perder su niñez y quedar traumadas-traumados para toda la vida.

"Así ganan dinero y ayudan a su familia"

En primer lugar los que ganan muchísimo más dinero son las o los rufianes, los pornógrafos, los que se enriquecen vía internet. A ninguno de ellos les interesa el bien de la familia, ayudar a la familia. Y, sin duda, es una desgracia cuando la misma familia explota a su niña-niño para conseguir dinero y todavía peor si es para el alcohol y los vicios de papá o del padrastro.

"Es algo que pasa en todo el mundo ¿qué le vamos a hacer?".

Es cierto, por desgracia este delito tan grave pasa en todo el mundo. Pero ¿dirías lo mismo, si la niña o niño prostituido, explotado sexual comercialmente fuera tu hijita, tu hermanita, tu ahijada, tu sobrinita o la hijita de tu mejor amigo? Y por qué no ser solidarias-solidarios con esos niños y niñas que son hijitos, hermanitos de otras familias, y que como dice el Evangelio han caído en manos de salteadores que los dejan medio muertos.

¿Seremos como el sacerdote o el levita que dieron un rodeo y pasaron de largo o seremos como el Buen Samaritano que se le conmovieron las entrañas se acercó al herido-asaltado, se hizo prójimo y lo acompañó y apoyó? (Lucas 10)

Ante este hecho tan grave, tan criminal, no podemos callar. Callar o no denunciarlo es un muy grave pecado de omisión, y es un mal muy serio para nuestra sociedad el que no nos importe o seamos indiferentes ante tan gravísimo atropello contra nuestra Niñez.

 

Septiembre de 2007