El turismo y la cooperación al desarrollo.

 

Salvador Palomo Pérez

 

E-MAIL: salvapalomo@wanadoo.es ; spalomo@dipmalaga.es

 

 

Salvador Palomo es Licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad de Málaga, especializado en Economía Regional, Master en Cooperación Internacional y Gestión de Proyectos de Desarrollo y MBA por la Escuela de Organización Industrial. En la actualidad es doctorando con la tesis "Nuevos condicionantes del turismo como motor de desarrollo en los Países en Vías de Desarrollo. La aportación de las políticas de Ayuda Oficial al Desarrollo". Ha trabajo como consultor turístico dentro de las áreas de planificación, desarrollo y marketing turístico en la Costa del Sol y en latinoamérica, donde -entre otras actividades- ha apoyado, becado por la AECI, a la docencia en la Facultad de Turismo de la Universidad Católica Boliviana. Ha publicado diversos trabajos acerca de las relaciones entre el desarrollo turístico y la AOD, al igual que ha asesorado a distintos organismos públicos y privados sobre desarrollo de iniciativas turísticas, promoviendo la creación de varias ONG´s dedicadas a la cooperación internacional. Algunos de los proyectos de cooperación internacional al desarrollo turístico en los que ha participado son la elaboración del Plan de Desarrollo Turístico del Lago Titikaka, la creación de la Red Eurolatinoamericana de Áreas con Potencialidad Turística (REAPT) y el Observatorio Turístico del Mediterráneo. En la actualidad trabaja como Jefe de Sección en la Unidad de Recursos Europeos del Área de Juventud, Deportes y Formación de la Diputación Provincial de Málaga, además de impartir docencia en varios postgrados de turismo y cooperación al desarrollo

 

 

 


1.           Introducción

 

Después de varios años estudiando el fenómeno de la cooperación internacional aplicada al desarrollo turístico de los Países en Vías de Desarrollo (PVD), son muchas las ideas y consideraciones que se podrían compartir en un foro dedicado íntegramente a esta materia.

 

Si algo se ha constatado en los últimos años en relación al turismo y la cooperación al desarrollo es la falta de coordinación, conocimiento e interés mutuo entre los técnicos y profesionales de estos dos sectores de intervención, por un lado el sector turístico y por otro lado el sector de la cooperación internacional al desarrollo.

 

Muchos de los actores y profesionales del sector turístico en los principales mercados emisores y receptores ve la relación del turismo con la Cooperación Internacional al Desarrollo (CID) como un hecho interesante y exótico, pero sin repercusión sustancial ni para su mercado turístico interno ni para el mercado turístico global.

 

Sin embargo, estos actores y profesionales son operadores turísticos inmersos en procesos de internacionalización en PVD, exportadores de servicios de consultoría turística y transferencia tecnológica hacia PVD o distribuidores mayoristas/minoristas de productos y destinos turísticos localizados en PVD. ¿Se puede realmente entender que las políticas de cooperación internacional al desarrollo, incluyendo los instrumentos financieros de que se disponen, son algo que no afecta al conjunto de los actores que intervienen en el sector turístico? ¿Esta impresión no provendrá más bien del desconocimiento que los profesionales y operadores turísticos tienen del mundo de la cooperación internacional al desarrollo?

 

Por otra parte, en los últimos años la brecha entre el impulso del desarrollo turístico sectorial y la ejecución de la cooperación internacional al desarrollo parece que se ha acrecentado porque desde organismos y agencias internacionales han priorizado sectorialmente otro tipo de intervenciones ya que, partiendo del concepto de desarrollo humano, pareciera que la consecución de los Objetivos del Milenio exige actuaciones en otros campos diferentes del turismo.

 

Esta situación viene generada porque no existen suficientes análisis que vinculen con claridad la contribución del turismo al alivio de la pobreza. El binomio turismo-desarrollo ha sido estudiado, pero el binomio turismo-alivio de la pobreza no tiene apenas formulaciones teóricas y metodológicas, por lo que las agencias internacionales de desarrollo bilateral y multilateral carecen de suficientes instrumentos para incluir al turismo en sus prioridades sectoriales, que vienen fundamentalmente marcadas por los Objetivos del Milenio.

 

Sin embargo, la realidad de la ejecución de los programas de cooperación exige en muchos casos que las inversiones en esos sectores de intervención básicos se rentabilicen económica y socialmente a través de la puesta en valor en el mercado turístico. Así, surgen programas de educación y formación profesional dirigidos a especialización turística, proyectos de mejoras de la estructura productiva agraria buscan dirigir las producciones a turistas que visitan recursos locales o actuaciones medioambientales y de rehabilitación patrimonial buscan su puesta en valor mediante su explotación turística sostenible.

 

Un ejemplo claro de la ausencia de las intervenciones turísticas en la planificación de la cooperación al desarrollo, sería la propia Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) española que en el Plan Director asume los Compromisos del Milenio y parece no dar cabida al apoyo al sector turístico. No obstante, la realidad de la práctica de la cooperación al desarrollo impone el reconocer al turismo como un sector estratégico de desarrollo, y así en planes tales como el reciente Programa de Cooperación Regional con Centroamérica, no sólo no se renuncia a las intervenciones en el sector turístico, sino que se incorporan líneas específicas al respecto, ya que cada vez más las poblaciones locales demandan inversiones turísticas al intuir el potencial de rentabilidad económica y social de las mismas.

 

Sin ánimo de ser exhaustivo, algunas consecuencias inmediatas que tiene la disociación entre el sector turístico y el sector de la cooperación internacional al desarrollo son:

 

  1. Los profesionales de la cooperación no conocen suficientemente el sector turístico y su dinámica, por lo que las intervenciones que se planifican no obtienen suficiente impacto o incluso generan resultados negativos.
  2. Los profesionales del turismo no conocen suficientemente los instrumentos de cooperación al desarrollo, por lo que no utilizan y maximizan las oportunidades que dichos instrumentos les conceden.
  3. La evaluación de la utilización de la AOD para el desarrollo turístico se reduce al análisis de casos particulares, pero no se generan teorías y metodologías adaptadas que permitan fortalecer el impacto de las intervenciones de manera generalizada.
  4. La inexistencia de metodologías adaptadas de intervención en el sector turístico desde el uso de las políticas de cooperación internacional al desarrollo lleva a una infrautilización de ciertos instrumentos de cooperación internacional que podrían tener un impacto muy positivo.
  5. Se producen contradicciones entre la planificación turística y la planificación de la cooperación, tal y como se puso de manifiesto para el caso español en un artículo inédito que finalmente no fue publicado por una de las Revistas españolas más importantes dedicadas al estudio de la cooperación internacional al desarrollo, por supuesta falta de interés de los lectores en las intervenciones dentro del sector turístico (nueva prueba del desinterés real que muchos profesionales e investigadores de la cooperación tienen respecto del turismo).

 

Así pues, la realización de esta ponencia tiene a nivel personal bastante complejidad porque a lo largo de varios años de investigación científica y profesional dedicados a este tema se han acumulado multitud de consideraciones que nunca se han podido exponer debidamente. Esta situación implica una dificultad añadida para la presentación sistemática de la información.

 

Por lo tanto, el objetivo de esta ponencia será realizar una exposición ordenada de parte de una investigación científica pero también de multitud de ideas aisladas y desestructuradas que se han venido acumulando a lo largo de varios años de intentar lanzar puentes de unión entre dos mundos, el del turismo y el de la cooperación internacional al desarrollo, que hasta cierto punto se ignoran, pero no dejan de reconocerse puesto que en la práctica habitual se están complementando.

 


2.           CONSIDERACIONES PREVIAS

 

Es muy importante clarificar determinados conceptos previamente al análisis del turismo y de la cooperación al desarrollo.

 

El desarrollo turístico sostenible sería aquel proceso de aparición, expansión y mejora de todas las operaciones de producción y comercialización de bienes y servicios generadas por la actividad turística y que, debido al carácter productivo de ésta, favorece la mejora cuantitativa y cualitativa del funcionamiento de una economía sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades, y a lo largo del cual se registra un crecimiento o acumulación de los recursos disponibles, una mayor eficiencia y eficacia en el sistema de producción, una progresiva satisfacción de las necesidades humanas elementales individuales y colectivas, y donde los grupos sociales dominantes van alcanzando cada vez un mayor número de objetivos particulares, transformándose finalmente no sólo los aspectos socioeconómicos coyunturales sino también los estructurales[1].

 

En esta definición del desarrollo turístico sostenible se registran los siguientes elementos fundamentales:

 

  • Calidad (mejora cuantitativa y cualitativa).
  • Sostenibilidad (no comprometer el desarrollo futuro).
  • Acumulación (crecimiento economicista).
  • Innovación (más eficiencia y eficacia).
  • Lucha contra la pobreza (satisfacción necesidades humanas elementales).
  • Equidad y distribución (alcanza a todos los grupos sociales dominantes).
  • Transformación Social (aspectos socioeconómicos coyunturales y estructurales).

 

Además, permite diferenciar con claridad los fenómenos de desarrollo turístico frente a los fenómenos de expansión turística. El primero supone necesariamente un reforzamiento del proceso de desarrollo económico global e integral (desarrollo humano), mientras que en el segundo caso se puede experimentar una dinamización de las actividades turísticas dentro de la economía de un país, sin que este fenómeno aporte realmente a un proceso de mejora cualitativa y cuantitativa de la economía en el que se registren las siete características fundamentales antes enunciadas.

 

Por otra parte, el concepto de Cooperación Internacional al Desarrollo es un concepto excesivamente amplio que agruparía todos aquellos esfuerzos entre sujetos de al menos dos Estados distintos (este hecho le confiere el carácter internacional), que realizan una actuación conjunta de cooperación, con el objetivo de impulsar procesos de desarrollo.

 

La Cooperación Internacional al Desarrollo engloba un conjunto tan amplio y diverso de relaciones que normalmente cuando se habla de CID se estudia una parte muy específica de la misma que es la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD). La Cooperación Internacional al Desarrollo, de acuerdo con el criterio establecido por el Comité de Ayuda al Desarrollo[2] (CAD) de la OCDE, se califica como AOD cuando satisface los siguientes requisitos.

 

  1. Los fondos para la cooperación provienen del sector público, bien en forma de donaciones o como préstamos o créditos blandos.
  2. El elemento de liberalidad de los créditos blandos es de al menos un 25% (35% en ayuda ligada, o 50% en caso de países menos desarrollados).
  3. Tiene por objetivo esencial la mejora del desarrollo económico y el nivel de vida de los Países en Vías de Desarrollo (PVD).
  4. El país beneficiario figura incluido en la Parte I de la lista de PVD elaborada por el CAD.

 

La AOD serían todos aquellos fondos públicos que los Estados destinan a promover el desarrollo en terceros países calificados como "en vías de desarrollo" y que tienen un determinado elemento de donación, en relación al coste normal que tiene el captar esos fondos en el mercado financiero internacional.

 

Con estas definiciones previas se pretende consensuar un criterio básico inicial en torno a los conceptos de turismo, cooperación al desarrollo, solidaridad y un nuevo término en uso como es el concepto de turismo solidario. Este consenso inicial es muy importante porque cada vez más erróneamente se tiende a vincular el turismo solidario como el resultado concreto de la unión entre sector turístico y cooperación al desarrollo.

 

La AOD no es más que una modalidad de intervención política entre sujetos de al menos dos Estados distintos que incorpora un determinado elemento de donación. De ninguna de las maneras se puede aceptar limitar el concepto de solidaridad a una modalidad de intervención política como es la AOD, ya que esto supondría equiparar el elemento de donación que incorpora la AOD con el hecho de la solidaridad.

 

Así pues, las políticas de cooperación internacional al desarrollo no son más que eso, la utilización por parte de una intervención pública de un conjunto de instrumentos supeditados al cumplimiento de unos objetivos y con una intencionalidad concreta. La AOD puede responder o no a planteamientos solidarios tanto como la política económica, social o cualquiera otra. La incorporación del elemento de donación no garantiza de ningún modo el carácter solidario de la AOD, ya que dependerá del contenido de la misma, de sus objetivos básicos y su intencionalidad, del modo de actuación de los agentes implicados y de la concepción del desarrollo al que responda.

 

El término solidaridad proviene del latín sollicitudo, sollicitudinis y en su acepción original significaba “inquietud, solicitud, preocupación, causar molestias a uno, ...,agitado, removido, ansioso, alerta, que causa inquietud, que preocupa”[3]. Este término fue dotado de contenido semántico y vital a lo largo de la historia del movimiento obrero como un concepto superador a hechos tales como la caridad, donación, etc., vinculándose más a hechos como justicia, revolución, etc. Así pues, la solidaridad se puede entender como “compartir incluso aquello que es necesario para vivir[4] y de ninguna manera puede equipararse a la donación, ni menos aún asimilarse a una práctica política simplemente porque ésta incorpore un elemento de liberalidad o donación.

 

En este sentido en los últimos años se viene comprobando como se intenta delimitar una nueva modalidad turística denominada turismo solidario. En realidad no existe consenso sobre qué se puede entender por turismo solidario, pero alguna de sus características son:

 

  1. Se dirige a un segmento de mercado en el que la motivación de la demanda es la visita de “espacios solidarios”, considerados como tales aquellos en los que se han promovido proyectos de desarrollo o donde las comunidades locales tienen una amplia participación en alguna fase del proceso productivo.
  2. Entre los agentes que realizan el proceso productivo suelen participar ONG´s o colectividades locales.
  3. En algunos casos incluso el turismo solidario se extiende a cualquier modalidad bajo la premisa de que el turista que visita un PVD cumpla una función logística (entrega de ayuda humanitaria u otros) aprovechando su desplazamiento o viaje.
  4. Se promueve el que los visitantes tengan un contacto más directo con la población local de los PVD y consuman recursos turísticos autóctonos de carácter natural y/o cultural.
  5. Se sitúan hasta cierto punto en canales alternativos tanto en cuanto al tipo de producto como al canal de distribución utilizado.

 

Teniendo en cuenta la conceptualización del turismo solidario, se plantea que dicho término induce a un error importante. La solidaridad no es algo asumible o vinculable exclusivamente a un determinado tipo de producción. No se puede identificar un turismo solidario frente a un turismo insolidario, tan grave sería calificar a una demanda turística como solidaria, por el simple hecho de consumir un producto turístico concreto, como pretender hacer de la pobreza un nuevo atractivo turístico en determinados destinos.

 

La solidaridad va más allá del propio hecho de consumo y se relaciona con los comportamientos de la persona. La solidaridad es un hecho globalizador de la persona y de las colectividades humanas y no se puede asimilar reduccionistamente a aspectos parciales del consumo y de la producción. En la base de esta cuestión está el planteamiento estratégico que históricamente se realiza en torno a la realización efectiva de la solidaridad desde el plano económico: ¿es necesario crear productos y mercados paralelos para ejercer la solidaridad o crear los mecanismos adecuados para que el propio mercado sea generador de relaciones y estructuras solidarias?

 

Históricamente la respuesta más efectiva fue la transformación de lo existente, creando estructuras, productos e instituciones nuevas o alternativas cuando fuese necesario.

 

En este sentido es mucho más idóneo respetar criterios básicos que permitan que cualquier tipo de producción turística pueda realizarse y comercializarse en clave solidaria, más aún que crear productos paralelos donde desde un vago concepto de solidaridad se intente crear una modalidad turística nueva y paralela. Sería mucho más interesante ampliar el concepto de comercio justo a la producción y comercialización de productos turísticos o ecoturísticos que guardasen unos determinados criterios de justicia en cuanto a su proceso productivo, a los resultados e impactos, a la comercialización y a la distribución de márgenes económicos generados por el mercado turístico.

 

En este caso se proponen los nuevos conceptos de Turismo Justo o Turismo Comunitario[5], identificándolos no tanto con una modalidad turística nueva sino como una forma diferente de creación de productos turísticos bajo el principio de participación comunitaria (en el caso del turismo comunitario) o de comercialización de productos turísticos bajo el principio de comercio justo (en el caso del turismo justo).

 

En este caso se haría referencia no a una nueva modalidad o producto sino al respeto de una serie de principios en el mercado turístico. La aplicabilidad de este modelo se podría hacer extensible a diferentes modalidades y generalizable al mercado turístico, con lo que el impacto real en términos de desarrollo y solidaridad podría ser más elevado.

 

Obviamente, la modalidad turística que puede encontrarse más cercana al Turismo Justo o Comunitario es el ecoturismo. “El ecoturismo es un sub-componente en el campo del turismo sostenible”[6].al que pertenecen o bajo el que se desarrollan diversas modalidades turísticas (productos turísticos específicos) que responden a un segmento de mercado concreto (demandas turísticas específicas) y que según la Declaración de Québec sobre Ecoturismo (2002) cumple los siguientes principios específicos, a diferencia del concepto más amplio de turismo sostenible:

 

  1. Contribuye activamente a la conservación del patrimonio natural y cultural.
  2. Incluye a las comunidades locales e indígenas en su planificación, desarrollo y explotación y contribuye a su bienestar.
  3. Interpreta el patrimonio natural y cultural del destino para los visitantes.
  4. Se presta mejor a los viajeros independientes, así como a los circuitos organizados para grupos de tamaño reducido.

 

Las modalidades turísticas que suelen relacionarse con el ecoturismo como un subcomponente específico del turismo sostenible son el Turismo Cultural y el Turismo Rural y el Turismo de Naturaleza. De este modo la especialización de la oferta y su agrupación en el término ecoturismo, responde ni más ni menos a una segmentación dela demanda y de sus motivaciones.

 

Existirán destinos con más vocación al desarrollo de productos específicos dentro del ecoturismo, y otros destinos cuya producción requerirá una mayor elaboración porque inicialmente no presenten recursos y atractivos que propicien la vocación ecoturística.

 

En cualquier caso el criterio fundamental que hay que tener en cuenta siempre que se busca realizar una intervención efectiva en materia turística utilizando la CID es que “el producto turístico no nace, se hace”.

 


3.           LA ADAPTACIÓN DE LAS PRÁCTICAS DE COOPERACIÓN INTERNACIONAL AL DESARROLLO TURÍSTICO PARA SU CONTRIBUCIÓN EFECTIVA AL ALIVIO DE LA POBREZA.

 

El gran reto del turismo en relación a la cooperación internacional al desarrollo en los próximos años residirá en la capacidad del sector para contribuir al alivio de la pobreza. Hasta el momento se han realizado múltiples análisis acerca de las relaciones entre turismo y desarrollo, pero es necesario ampliar la investigación y el diseño de modelos de intervención sectorial en turismo que contribuyan al desarrollo humano desde el alivio de la pobreza. Estos nuevos modelos deberían orientar la intervenciones tanto a nivel microeconómicos (proyectos) y macroeconómicos (planes y programas).

 

La vinculación entre el turismo y alivio a la pobreza y contribución a la consecución de los Objetivos del Milenio es tan importante porque sólo de esta manera se puede lograr que las agencias internacionales prioricen las intervenciones turísticas dentro de sus Planes Directores de Cooperación.

 

Especialmente importante es generar modelos teóricos generales de intervención, a partir de la extrapolación de resultados desde los múltiples análisis de caso y experiencias existentes en relación a los proyectos de cooperación turística. Se poseen muchos análisis de caso, pero no se ha conseguido avanzar suficientemente en el diseño de teorías y modelos generales desde la contrastación de hipótesis que permiten los análisis de caso.

 

Muchos PVD han optado por una planificación de sus procesos de desarrollo económico en la que se le concede un papel prioritario al sector turístico como sector estratégico de dinamización productiva. Esta estrategia viene respaldada por el ingente patrimonio turístico[7] que poseen muchos de estos países.

 

Ahora bien, ¿por qué el turismo se puede llegar a convertir en un sector especialmente “apetecible” para impulsar el alivio de la pobreza frente a otros desarrollos sectoriales?

 

Siguiendo al economista italiano Alberto Sessa se observan tres características distintivas de la “industria turística” frente a otros sectores como el agrícola o el sector industrial manufacturero:

 

1. Intangibilidad del producto.

2. Inmovilidad de la oferta.

3. Perdurabilidad tras el consumo.

 

Aunque los nuevos planteamientos han revisado sustancialmente el contenido de esta propuesta, aún hoy define una caracterización básica, simple y efectiva del turismo. Desde este planteamiento, la inmovilidad de la oferta es el factor que más puede cooperar a que el turismo se consolide como variable estratégica de desarrollo en los PVD frente a otras actividades productivas tradicionales[8].

 

El hecho de que el producto no se desplace sino que tenga que ser la demanda quien se acerque a la oferta hace que el turismo presente a priori mejores condiciones objetivas para propiciar el desarrollo y mayor capacidad de generar efectos arrastres.

 

No obstante, existe cada vez más un riesgo cierto a que los PVD sobrevaloren la capacidad del turismo como variable estratégica en el proceso de desarrollo y que, igualmente, los países donantes concedan un papel excesivo al desarrollo sectorial en turismo dentro de la planificación de sus políticas de ayuda al desarrollo[9]. El nuevo contexto de globalización está imponiendo una nueva configuración del mercado turístico a nivel internacional que supone una ruptura con las visiones tradicionales acerca del turismo y el desarrollo.

 

Este hecho es especialmente grave en la actual situación del mercado turístico mundial, que, al menos a corto plazo, ha reducido el potencial del turismo para ejercer un efecto arrastre en las economías de los PVD. Algunas tendencias del mercado turístico mundial que disminuyen las posibilidades de propiciar el desarrollo de los PVD son:

 

  • Inestabilidad política tras los acontecimientos del 11 de septiembre influyen negativamente sobre el potencial de crecimiento de los destinos no tradicionales o mercados turísticos no consolidados.
  • Cambios en la comportamiento de la demanda turística que priorizan los viajes cortos frente a los viajes de larga distancia.
  • La globalización está propiciando una pérdida de soberanía sobre la producción turística, debido al incremento de la integración vertical y horizontal en el sector turístico, especialmente en destinos de PVD.
  • Políticas de los mercados consolidados para atraer mayor flujo turístico y aumentar su cuota de mercado.
  • Prácticas con un elevado coste social que impulsan las compañías y operadores turísticos para aumentar los beneficios privados.
  • Presión al alza sobre la calidad del servicio turístico al existir una demanda más exigente.
  • Contracción del mercado provocado por un crecimiento desacelerado de la evolución del mercado turístico.
  • Barreras de entrada cada vez myores por la necesidad de realizar inversiones de salida más importantes.
  • Disminución de la intermediación minorista y mayor dependencia de la comercialización a través de las nuevas tecnologías.

 

En la actualidad es fundamental que los agentes que intervienen en la CID replanteen la relación entre el fenómeno turístico y el alivio de la pobreza, adaptando las políticas de ayuda al desarrollo a esa nueva configuración del sector a nivel internacional.

 

La situación la expone con toda claridad el profesor Enrique Torres al señalar que “...la capacidad de generación de desarrollo del turismo en los países receptores...va en disminución, siendo en la actualidad menor de lo que en un principio podía pensarse y, sobre todo, de lo que en muchos casos los programas políticos aseveran. En realidad parece estar ocurriendo que el turismo comienza a comportarse como cualquier sector industrial en cuanto a las relaciones entre países desarrollados y en vías de desarrollo, participando de los mismos mecanismos que favorecen la acumulación y crecimiento en los primeros. A pesar de todo las características propias de la actividad turística...le hacen especialmente apto para inducir procesos de desarrollo frente a los sectores manufactureros.”[10]

 

Efectivamente, el sector turístico puede ofrecer mayores posibilidades de desarrollo humano que otras intervenciones sectoriales, pero es necesario reflexionar acerca de los principales elementos en los que la nueva configuración internacional del sector está condicionando la efectividad del turismo como motor de desarrollo, y analizar cómo deben adaptarse las políticas de ayuda al desarrollo al nuevo contexto[11].

 

La capacidad de la actividad turística para generar divisas y aportes suplementarios a la balanza de pagos nacional de los PVD hace que este sector presente una capacidad importante para financiar los procesos de desarrollo, los cuales normalmente requieren de la exportación de bienes de equipo y de capital. No obstante, los aportes que el turismo puede realizar a la balanza de pagos debe contemplarse de un modo amplio, ya que no sólo deben tenerse en cuenta los efectos primarios sino también los secundarios y terciarios. Como señala Thuens “no es el efecto total, sino el efecto neto en la balanza de pagos el que respecto a la exportación de servicios turísticos importa finalmente.”[12].

 

Por ejemplo, se puede incentivar la construcción de un complejo turístico residencial donde se incluya actividades de restauración. Evidentemente esa actividad puede generar la entrada de divisas en la economía nacional, pero es fundamental preguntarse ¿cuál será el contenido en importaciones que llevará pareja dicha producción turística, es decir, la explotación del proyecto exigirá importar grandes cantidades de bienes y servicios para asegurar la marcha del proyecto?

 

Igualmente, si el programa de cooperación se realiza a través de alguna modalidad de cooperación empresarial ¿cuáles serán las rentas de inversión que detraerán los promotores de la iniciativa? ¿Será necesario incorporar una gran cantidad de trabajo extranjero para la puesta en marcha del proyecto? ¿Qué gastos de promoción exterior por parte del gobierno exigirá la rentabilización de dicha inversión turística? Estos aspectos deberán ser tenidos muy en cuenta a la hora de definir la estrategia de desarrollo.

 

Las salidas de divisas a consecuencia de la puesta en marcha de proyectos turísticos dependerá de las características de la economía, la cantidad de enlaces intersectoriales existentes, la capacidad de provisión de inputs mediante la producción local, la capacitación de los técnicos y de la mano de obra en general, las condiciones para la expatriación de las rentas del capital extranjero y el conocimiento que del destino se tiene en el mercado internacional, fundamentalmente, en los principales mercados emisores.

 

No obstante, en la nueva configuración del mercado turístico internacional muchos de los principales países emisores han adoptado políticas que frenan la salida de flujos hacia el exterior, y la propia tendencia del sector indica que en el futuro se expandirán los viajes de corta distancia y se fraccionará las vacaciones en los Países Desarrollados (PD). Todo ello aminorará en parte la capacidad del turismo para generar divisas en los PVD.

 

El turismo se consolida como una actividad en la que la relación personal empleado/capital invertido es mayor que en otro tipo de sectores. En los primeros estadios de desarrollo el turismo es muy intensivo en la ocupación de mano de obra y la cualificación requerida, y por tanto el proceso de aprendizaje necesario, no es muy alta. Ello propicia la posibilidad de desarrollar proyectos de cooperación en capacitación técnica con costes no muy elevados y bastante nivel de éxito.

 

No obstante, esta capacidad de incorporar mano de obra no cualificada o mano de obra local de los PVD en su proceso de producción es sólo una fase temporal en el desarrollo del sector. Como señala Gray, a medida que avanza el proceso de desarrollo turístico el sector es aún más dependiente del trabajo altamente cualificado que otros sectores industriales.

 

Esto implica que el adoptar el turismo como variable estratégica de desarrollo dentro de los planes globales no exigirá en un primer momento grandes esfuerzos en los procesos de aprendizaje y capacitación de la población local, pero progresivamente se deberá ir transformando esta política dotando de mayor especialización al factor trabajo de las comunidades[13]. Además, la tendencia del mercado turístico muestra que existará cada vez un consumidor más informado y una demanda más exigente en lo que a calidad en el servicio se refiere. Esto disminuirá la capacidad del sector de incorporar mano de obra poco cualificada, obligando a recurrir al personal especializado.

 

El turismo en los PVD puede fomentar la generación de ingresos debido a la gran cantidad de gastos colaterales que realiza la demanda en sus desplazamientos y a la diversidad de inputs que requiere la realización de la producción turística[14]. No obstante, el efecto real que el turismo tenga sobre el ingreso y su capacidad de multiplicación, dependerán en buena parte del nivel de desarrollo e integración de la estructura económica del PVD en cuestión. No se puede asimilar que la capacidad de generación de ingreso del turismo será la misma en una economía integrada que en una economía desarticulada.

 

El conjunto de ingresos públicos que el turismo puede generar no debe tener en consideración únicamente el ingreso directo sino, y esencialmente, debe considerar también los ingresos provenientes de impuestos indirectos[15]. La contribución exacta del turismo al sector público debe matizarse con los costes que supone para la hacienda pública la gestión pública del turismo (promoción turística, planificación, investigación, gestión, etc.). Hay que tener en cuenta que en algunos casos estos costes pueden ser importantes, especialmente si el destino es poco conocido a nivel internacional y no existe experiencia previa en la gestión pública del sector, lo cual supone poner en marcha nuevos organismos, etc.

 

El impulsar una política de desarrollo vinculada al turismo puede conseguir situar a la economía de un PVD en un sector productivo que se constituye en un mercado en expansión. Sin embargo, se observa como la expansión de ese mercado va a ir siendo progresivamente menor, ya que paralelamente se contempla una desaceleración del crecimiento de la demanda a nivel internacional. Esta desaceleración progresiva de la demanda turística debe ser tenida en cuenta a la hora de diseñar las políticas de ayuda al desarrollo en el futuro.

 

Crecimiento medio del número de turistas a nivel mundial 1950-2010

 

Año

1.950

1.960

1.970

1.980

1.990

2.001

2.010

Llegadas (en millones)

25

70

166

288

458

661

937

Crecimiento Medio Anual

-

18,0%

13,7%

7,3%

5,9%

4,4%

4,2%

Fuente: Elaboración propia a través de datos de la OMT.

 

Pese a todo, el aspecto esencial a tener en cuenta a la hora de fomentar un proceso de desarrollo turístico es el problema de la dependencia estructural generada en la economía en desarrollo.

 

“El turismo internacional, como cualquier otra actividad exportadora, establece entre los países vinculaciones que pueden constituir una nueva forma de dependencia entre emisores y receptores”[16]. Venancio Bote establece una serie de consideraciones acerca de la dependencia estructural que puede originarse en algunos tipos de desarrollos turísticos.

 

1. El grado de dependencia sectorial depende de las deficiencias estructurales de las economías de las áreas de destino. No se trataría tanto de un problema del sector, es decir de que la actividad turística en sí misma genere dependencia, sino más bien de las características del sistema, modelo, estrategia y nivel de desarrollo.

2. Es necesario estimar el nivel de dependencia susceptible de soportar un destino para que pueda existir una compatibilidad con el desarrollo económico integrado.

3. La dependencia está correlacionada con la modalidad turística que se produzca y se oferte.

 

La actual configuración del mercado turístico en el marco de la globalización pone de manifiesto que existe una tendencia mayor a que la actividad turística genere situaciones de dependencia estructural, expresadas en los siguientes hechos:

 

1. Grado de integración horizontal y vertical de las compañías extranjeras en los mercados de destino de los PVD.

2. Grado de dependencia de la cuota de mercado del destino respecto a la demanda exterior y a la comercialización mediante intermediarios extranjeros.

3. Grado de dependencia respecto al contenido en importaciones que soporta el desarrollo turístico de los PVD.

4. Grado de dependencia respecto a los factores de producción.

5. Grado de dependencia respecto a los transportadores aéreos metropolitanos.

 

Existirían algunos elementos adicionales que también deben tenerse en cuenta a la hora de definir cualquier política de desarrollo turístico en un PVD como son los efectos sobre la inflación, la integración territorial y el desarrollo regional, la posibilidad de abrir mercados a las producciones locales a través de la actividad turística, los costes de oportunidad, etc.

 

De igual manera, para una efectiva contribución del turismo al alivio de la pobreza es esencial ajustar los instrumentos utilizados por la CID al propio funcionamiento del sector turístico. No sólo se trata de revisar cuidadosamente los elementos que requieren evaluarse para garantizar la efectiva contribución de una intervención turística al alivio de la pobreza, sino que además es fundamental adaptar a las particularidades propias del sector turístico aquellos instrumentos utilizados por la AOD.

 

La falta de conocimiento por parte de los agentes y operadores turísticos acerca de la AOD ha conducido en muchos países no sólo a no utilizar esos fondos eficientemente, sino a hipotecar y condicionar muy negativamente el proceso de desarrollo económico presente y futuro[17].

 

Si se trata de Ayuda Reembolsable, será especialmente importante evaluar los resultados en términos de flujos económicos generados por las acciones turísticas que se financien.

 

Igualmente, instrumentos tradicionalmente no utilizados para el impulsar el desarrollo turístico pueden generar resultados muy positivos si se realiza a adecuada adaptación de su uso. Así, la Ayuda Alimentaria y la Ayuda de Emergencia podrían financiar proyectos sectoriales en turismo a través de los Fondos de Contravalor o “monetizaciones de la ayuda”. Igualmente, los programas de Condonación de la Deuda pueden servir para crear swaps turísticos que permitan apoyar las inversiones turísticas de agentes privados en un PVD.

 


4.           LA FINANCIACIÓN DEL DESARROLLO TURÍSTICO DESDE LA AOD BILATERAL ESPAÑOLA.

 

Una característica clara del sistema de cooperación internacional al desarrollo turístico de España es la descoordinación entre la política turística y la política de cooperación al desarrollo. Estas divergencias se ponen de manifiesto en el propio Plan Integral de Calidad del Turismo Español 2000-2006, que sustituyó a los Planes Marco de Competitividad y que incorporó la cooperación internacional como línea estratégica de trabajo 7.

 

Aún cuando el PICTE se proponía incentivar la coordinación entre las diferentes Administraciones Públicas, y aún cuando se partía del hecho de reconocer al Plan Director de Cooperación Internacional como un elemento claro en las políticas de cooperación españolas, el PICTE pretendía “impulsar una línea propia de cooperación internacional que supere las limitaciones que para la cooperación al desarrollo tiene la AECI en virtud de sus competencias y funciones, con acciones propias de la Administración turística que consigan hacer llegar nuestro conocimiento experto más allá de lo que los programas de la AECI permiten”[18].

 

Este ejemplo vuelve a mostrar un problema ya antiguo en la ejecución de el sistema de cooperación internacional español, que no es otro que el “enfrentamiento tácito” entre el Ministerio de Economía y el Ministerio de Asuntos Exteriores.

 

Si se atiende a un criterio de distribución sectorial de la ayuda parece acertado que los Estados tiende a realizar acciones de cooperación bilateral en aquellos sectores en los que poseen una mayor especialización y conocimiento técnico. Desde este punto de vista, el sector turístico podrían ser un sector en el que la contribución de la cooperación bilateral española se hiciese más efectiva.

 

¿Cuál ha sido la contribución de España al desarrollo turístico a través de su ayuda bilateral? En realidad no existen estudios descriptivos de este hecho, por lo que difícilmente se puedan introducir acciones correctivas. El autor de esta ponencia ha analizado hasta el momento el conjunto de las acciones de cooperación turística bilateral durante el período 1991-1998[19]. En la actualidad se está realizando una investigación mucho más pormenorizada del período comprendido entre 1998 y 2002.

 

La financiación de proyectos turísticos en PVD a través de la Ayuda Oficial al Desarrollo se ha realizado fundamentalmente a través de la modalidad de cooperación no reembolsable o donaciones. El recurso a la cooperación reembolsable o a los créditos FAD no ha sido muy utilizado hasta la fecha para apoyar inversiones en infraestructuras turísticas[20]. Por tanto, el análisis de los proyectos turísticos financiados por la cooperación bilateral española se centrará en la ayuda no reembolsable, articulada específicamente a través de proyectos o programas.

 

Igualmente en todos los casos la información se ha recogido tomando como base los seguimientos que de los Planes Anuales de Cooperación realiza el Ministerio de Asuntos Exteriores. Es posible que al no tener acceso a las memorias específicas de los distintos organismos públicos que configuran la AOD bilateral española puedan existir proyectos no identificados pero financiados.

 

El conjunto de la AOD Bilateral destinada por las distintas entidades españolas a la financiación de proyectos turísticos en el período 1.991-1.998 fue la siguiente.

 

Evolución en pesetas de la financiación de proyectos turísticos mediante la AOD de España según entidad donante (1991-1998)

 

 

1.991

1.992

1.993

1.994

1.995

1.996

1.997

1.998

AECI-ICD

17.500.000

25.584.612

5.626.850

-

-

-

-

-

AECI-ICI

8.500.000

60.778.315

24.283.384

5.854.920

68.815.288

112.910.000

177.076.750

151.750.000

AECI-ICMA

2.700.000

-

-

-

3.870.000

5.472.000

27.112.000

53.200.000

SECIPI

-

-

44.444.000

80.000.000

7.318.000

9.000.000

-

-

DG de Costas

-

1.950.000

-

-

-

-

-

-

Generalitat Catalunya

-

-

-

-

-

-

-

4.000.000

Generalitat Valenciana

-

3.384.794

-

8.000.000

-

-

-

-

Junta de Andalucía

-

12.140.000

-

9.250.000

-

11.250.000

16.000.000

-

Junta Castilla Mancha

-

-

-

 

-

50.000

-

-

Junta de Extremadura

-

-

-

 

-

-

-

4.995.580

Gobierno de Navarra

-

-

-

 

-

-

8.000.000

-

Principado de Asturias

-

-

-

 

-

4.000.000

-

-

Ofic. Rel. Soc. Intern.

-

13.302.176

23.397.580

17.275.016

38.152.740

-

2.868.200

-

INEM

-

6.448.460

3.600.000

5.250.000

5.115.000

-

-

-

DG Turismo

31.375.144

34.654.667

61.829.671

55.704.500

75.862.980

43.588.193

47.888.997

17.880.000

ICONA

-

-

-

2.500.000

-

-

-

-

Instituto de la Mujer

2.980.000

-

-

-

-

-

-

-

TOTAL

63.055.144

158.243.024

163.181.485

183.834.436

199.134.008

186.270.193

278.945.947

231.825.580

Fuente: Elaboración propia a través de datos PACI Seguimiento 1991, 1992, 1993, 1994, 1995, 1996, 1997, 1998

 

Financiación del desarrollo turístico a través de AOD bilateral de España según entidad donante (1991-1998)

 

Fuente: Elaboración propia a través de datos PACI Seguimiento 1991, 1992, 1993, 1994, 1995, 1996, 1997, 1998

 

El apoyo a la inversión en proyectos turísticos por parte del MAE se distribuyó básicamente a través del antiguo Instituto de Cooperación Iberoamericana. No obstante, al comienzo del período también se canalizó buena parte de la ayuda para el desarrollo turístico a través del Instituto de Cooperación con el Mundo Árabe, Mediterráneo y Países en Desarrollo. Obviamente las diferencias de participación en la financiación del desarrollo turístico entre diferentes organismos del MAE responde a la priorización geográfica de las inversiones como se verá más adelante.

 

Distribución entre organismos del Ministerio de Asuntos Exteriores de la AOD destinada al desarrollo turístico (1991-1998)

 

 

Fuente: Elaboración propia a través de datos PACI Seguimiento 1991, 1992, 1993, 1994, 1995, 1996, 1997, 1998

 

Respecto a la modalidad de cooperación descentralizada, aproximadamente el 60% del total de la AOD destinada a la financiación del desarrollo turístico durante el período 1991-1998, fue realizada por Andalucía. Le siguen en orden de importancia la Junta de Extremadura y el Gobierno de Navarra.

 

Distribución de la AOD Descentralizada al desarrollo turístico en España (1991-1998)

 

Fuente: Elaboración propia a través de datos de los PACIS Seguimiento 1991-1998

 

La AOD bilateral de España ha financiado en la década de los noventa fundamentalmente procesos de desarrollo turístico en los países iberoamericanos, mientras que el desarrollo turístico del Mediterráneo no ha estado tan presente.

 

Total de AOD Bilateral Española dedicada al desarrollo turístico por Región Geográfica (1991-1998)

 

 

Fuente: Elaboración propia a través de datos de los PACIS Seguimiento 1991-1998

 

Fuente: Elaboración propia a través de datos de los PACIS Seguimiento 1991-1998

 

Aproximadamente el 70% de los proyectos para el desarrollo turístico financiados por la AOD bilateral española han tenido un carácter formativo y se corresponden con cooperación técnica. El 30% restante se dirigió a proyectos e inversiones turísticas. Además cada ejercicio ha existido un peso diferente de la entidad financiera de los proyectos turísticos, que ha estado influenciada básicamente por el país receptor y por el tipo de cooperación utilizado.

 

A pesar de que la AOD de España ha contribuido cada vez más a financiar proyectos de desarrollo turístico, la estrategia de cooperación internacional española mantiene hasta la fecha un peso mucho mayor en otros sectores.

 

Total AOD Bilateral española destinada al sector turístico (1991-1998)

 

 

Fuente: Elaboración propia a través de datos de los PACIS Seguimiento 1991-1998

 

Sin embargo este visión inicial es absolutamente errónea. La falta de peso aparente del sector turístico en las políticas de cooperación internacional al desarrollo de España procede de un mal uso del sistema de registro estadístico común enunciado por el CAD.

 

Efectivamente en el sistema de clasificación el código 330 corresponde a proyectos sectoriales de comercio y turismo. En concreto en análisis realizado se han contemplado exclusivamente aquellos proyectos que se han clasificado como “Proyectos Turísticos” (Cód. 332). El turismo tiene multitud de enlaces intersectoriales, por lo que según el sistema de clasificación seguido no se contemplan como inversiones turísticas los programas de rehabilitación patrimonial en zonas de alto potencial turístico-cultural, ni los programas de mejora medioambiental en zonas de alto potencial turístico-natural.

 

¿Es cierto por tanto la creencia de que en términos cuantitativos el turismo no representa más del 1% del total de la AOD bilateral española? ¿No se tratará por el contrario que los profesionales de la cooperación cometen importantes errores a la hora de cuantificar la ayuda turística por el desconocimiento que poseen del sector y que les hace registrar como cooperación cultural o medioambiental proyectos y programas que en realidad poseen un uso turístico claro?

 

En la actualidad el autor de esta ponencia está realizando un estudio comparado de cada uno de los proyectos financiados por la AOD española en los últimos cinco años (1998-2002) para determinar con exactitud el uso turístico de la AOD bilateral española, más allá de la simple clasificación estadística, que en realidad no expresa correctamente dicho uso.

 

 

 


5.           CONCLUSIONES FINALES

 

Respecto al turismo y su interrelación la cooperación internacional al desarrollo se podrían apuntar las siguientes recomendaciones:

 

  1. Ampliar el conocimiento mutuo entre profesionales del sector turístico y de la CID.
  2. Avanzar en el estudio de las relaciones entre turismo y alivio de la pobreza, así como en la contribución del desarrollo turístico para la consecución de los Objetivos del Milenio.
  3. Diferenciar lso fenómenos de expansión turística de los fenómenos d edesarrollo turístico.
  4. Buscar criterios o principios que permitan una producción turística más justa, sea cual sea la modalidad turística de que se trate.
  5. Comprender que el producto turístico no nace, sino que se hace.
  6. Generar modelos teóricos y metodológicos generales de intervención a nivel microeconómico y macroeconómico que permitan orientar con claridad las prácticas turísticas y el uso de la CID.

 

Respecto a la AOD bilateral española en materia turística se podría apuntar:

 

  1. Romper las divergencias entre políticas turísticas y políticas de AOD, a través –entre otras- de un funcionamiento efectivo de la Comisión Interministerial.
  2. Registrar la clasificación de los proyectos con una orientación turística en cuanto a su rentabilización productiva, aún cuando el Sistema del CAD de registro de estadística implique su codificación como un proyecto no turístico.
  3. Capacitar a técnicos y evaluadores específicos en turismo dentro de la AECI.
  4. Incentivar la creación de grupos de expertos independientes para fortalecer las transferencias del knowledge turístico de España mediante la CID.
  5. Utilización de nuevas modalidades de intervención que no sean exclusivamente a través de Cooperación Técnica, sino mediante la dotación de fondos infraestructurales de equipamientos al que se puedan acceder desde las Comisiones Mixtas.

 

Respecto a los elementos fundamentales para la evaluación del impacto de los proyectos turístico es importante tener en cuenta:

 

  1. La actual configuración del sector turístico y las tendencias que viene soportando en el nuevo marco de la globalización puede generar mayor dependencia estructural de las economías atrasadas.
  2. La actividad turística puede resultar muy eficaz cara a fomentar la financiación de los procesos de desarrollo, debido a su capacidad para generar divisas, pero bajo determinadas condiciones la actividad turística puede devengar en salidas de divisas desde las economías menos desarrolladas a las más desarrolladas.
  3. El empleo turístico en sus primeras fases puede requerir de bajos niveles de capacitación y aprendizaje, pero en estadios más avanzados del desarrollo turístico puede exigir mayor grado de especialización.
  4. La actividad turística puede generar una importante cantidad de ingresos directos e indirectos, pero especialmente importante es el mejoramiento que puede realizar en las economías más atrasadas debido a la cantidad de enlaces intersectoriales que implica su desarrollo.
  5. Un desarrollo turístico autónomo de los PVD supone necesariamente controlar el grado de penetración de las compañías extranjeras en el sector y determinar el punto que sería admisible para compatibilizarlo con un funcionamiento económico autónomo y no dependiente. Igualmente se requeriría articular políticas cuyos objetivos fuesen ampliar la demanda del turismo interno frente al turismo receptor, posibilitar el abastecimiento a la demanda turística mediante la producción local disminuyéndose de este modo el contenido en importaciones del sector, capacitar a la población local y definir un adecuado marco de negociación respecto a los transportadores aéreos.
  6. Atender en todo momento a los costes de oportunidad soportados por el desarrollo de la actividad turística y no permitir la articulación de políticas empresariales de carácter especulativo dentro del sector.

 

Finalmente, el trabajo de campo y las experiencias acumuladas a través de los análisis de casos indican una serie de recomendaciones específicas para los proyectos de desarrollo turísticos o intervenciones microeconómicas en turismo a través de la AOD:

 

  1. Se debe tratar de aumentar el impacto de las actuaciones a través de la puesta en valor de redes de cooperación más amplias.
  2. Los proyectos de desarrollo turístico deben contemplar acciones destinadas a la mejora técnica, pero a la vez acciones que propicien la mejora de la gestión político-institucional, aportando propuestas de gestión futura de las intervenciones turísticas.
  3. Se debe tratar de coordinar diferentes fondos de cooperación, buscando la optimización de la financiación a través de la creación de sinergias.
  4. Las intervenciones tienen que manejar una formulación técnica amplia, donde se utilicen y compatibilicen las herramientas de control, planificación y gestión turística con las propias metodologías de intervención de la CID.
  5. Se debe someter a un especial cuidado los aspectos relativos a la comercialización del producto, y muy especialmente al canal de distribución seleccionado.
  6. Es muy beneficioso vincular a instituciones de los países desarrollados, especialmente a la administración pública regional y local, posibilitando el acceso a nuevas fuentes de financiación como la Cooperación Descentralizada.
  7. Cada proyecto requiere que se adapten los instrumentos financieros de los que dispone la CID a la intervención turística concreta.
  8. Los proyectos de Cooperación y Asistencia Técnica deben cubrir una fase esencial adicional, como es la promoción de inversiones.
  9. La participación comunitaria debe extenderse en todos el ciclo de vida del proyecto, pero muy especialmente en la gestión futura del mismo, sin que se reduzca exclusivamente a la fase de planificación.

 


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[1] Palomo Pérez, Salvador. “La planificación del ecoturismo mediante la Ayuda Oficial al Desarrollo y el principio de participación comunitaria”. XII Simposio Internacional de Turismo y Ocio. ESADE. Barcelona, 2003

[2] COMITÉ DE AYUDA AL DESARROLLO (CAD): Principios del CAD para una ayuda eficaz. Ediciones Mundi Prensa. Madrid, 1996 p. 73

[3] Dicionario VOX Ilustrado Latino-Español Español-Latino. Biblograf. Barcelona, 1986

[4] Juan Pablo II: Sollicitudo Rei Socialis. Editorial Voz de los Sin Voz. Madrid, 1990

[5] Respecto al término de Turismo Justo no existe ninguna formulación específica, ya que es una propuesta del autor de esta ponencia, pero respecto al concepto de Turismo Comunitario se recomienda la lectura del documento del WWF International.

[6] UNEP. “Ecotourism: Principles, practices & policies for sustainability”. United Nations Publications.  2002

[7] Hay que señalar la diferencia que la OMT establece entre patrimonio turístico y recurso turístico.

[8]Esta característica del turismo es esencial puesto que exige el que exista el desplazamiento de los consumidores, por lo que es un sector con gran capacidad de generar economías externas, ya que la demanda en su desplazamiento al lugar de destino puede realizar gran cantidad de gastos colaterales adicionales al gasto en transportes, alojamiento o restauración. Por otra parte, elementos tales como que la producción turística se basa fundamentalmente en prestaciones de carácter personal, la actividad se vincula a múltiples sectores de la economía dinamizándolos, etc., también fortalecen la condición del turismo como actividad motriz frente a otros sectores

[9]Al respecto señalan Alister y Mathieson que “muchos autores se rebelan y subrayan actitudes optimistas hacia el turismo, particularmente entre los voceros gubernamentales de los países menos desarrollados, mientras otros indican que algunos gobiernos empiezan a revalorar el papel que el turismo podría tener en sus economías de desarrollo nacional...será apropiado examinar los costos junto a los beneficios, a fin de dar una evaluación más balanceada del estudio de la repercusión económica”.

[10] TORRES BERNIER, Enrique: “Turismo y Desarrollo Regional”. Papers de Turisme, Nº 14-15. 1994, pp. 102

[11] Si se quiere tener una información más detallada sobre las relaciones entre turismo y desarrollo humano consultar Palomo Pérez, S.: “La aportación del turismo al desarrollo económico de los PVD. El caso del mercado receptor de Bolivia”. Revista de Estudios Turísticos. Nº 189, 1997

[12] THUENS, H. L.: “Notes on the economics of international tourism in developing countries”. Tourist Review. Nº 31. 1976, p. 2

[13]Si esta transformación progresiva no se ejerce se corre el riesgo de que el proceso de desarrollo turístico no ejerza un verdadero efecto dinamizador sobre el proceso de desarrollo económico global, bien porque se incorpore factor trabajo extranjero, bien porque la calidad del servicio se deteriore y no se adapte a las exigencias de la demanda, mermándola

[14]El ingreso turístico genera una secuencia de gastos e ingresos paralelos en el resto de sectores a consecuencia de la dinamización económica introducida por la actividad turística y como efecto de la interrelación tan fuerte que guarda el turismo con el resto de sectores de la economía. A este proceso de multiplicación del ingreso, progresivo y acumulativo, se le conoce como efecto multiplicador del turismo o multiplicador del ingreso

[15]La capacidad del sector para contribuir a los ingresos públicos depende básicamente del modelo fiscal vigente en el PVD, que deberá ser tenido en cuenta a la hora de impulsar cualquier acción de desarrollo turístico.

[16]BOTE, Venancio: Planificación Económica del Turismo. Editorial Trillas-Serie de Turismo. México, 1990, pp. 27

[17] Una tipología de las actividades de la AOD viene dada por el propio CAD y por el informe interno de la AECI realizado por Fernando Riquelme y que recoge la propia SECIPI en el reciente informe ejecutivo sobre "Metodología de evaluación de la cooperación española". Al respecto y sobre la adaptación de la AOD para su uso turístico se puede consultar en Palomo Pérez, S.: “La financiación del desarrollo turístico en el Mediterráneo con la Ayuda Oficial al Desarrollo de España”. Comunicación presentada al 1er Congreso Internacional sobre Turismo y Mediterráneo (Almería, 8-11 de Febrero de 2000)

[18] Ministerio de Economía y Hacienda. DG de Turismo: Plan Integral de Calidad del Turismo Español 2000-2006. Centro de Publicaciones y Documentación. Madrid, 1999. p.85

[19] Anteriormente la información disponible no se encuentra adecuadamente tabulada y no tiene un peso importante.

[20] Para analizar con más profundidad la cooperación bilateral reembolsable de España ver Gómez Gil, Carlos (1996)