El turismo y
la cooperación al desarrollo.
Salvador Palomo Pérez
E-MAIL: salvapalomo@wanadoo.es ; spalomo@dipmalaga.es
Salvador
Palomo es Licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad de Málaga,
especializado en Economía Regional, Master en Cooperación Internacional y
Gestión de Proyectos de Desarrollo y MBA por la Escuela de Organización
Industrial. En la actualidad es doctorando con la tesis "Nuevos
condicionantes del turismo como motor de desarrollo en los Países en Vías de
Desarrollo. La aportación de las políticas de Ayuda Oficial al
Desarrollo". Ha trabajo como consultor turístico dentro de las áreas de
planificación, desarrollo y marketing turístico en la Costa del Sol y en latinoamérica,
donde -entre otras actividades- ha apoyado, becado por la AECI, a la docencia
en la Facultad de Turismo de la Universidad Católica Boliviana. Ha publicado
diversos trabajos acerca de las relaciones entre el desarrollo turístico y la
AOD, al igual que ha asesorado a distintos organismos públicos y privados sobre
desarrollo de iniciativas turísticas, promoviendo la creación de varias ONG´s
dedicadas a la cooperación internacional. Algunos de los proyectos de
cooperación internacional al desarrollo turístico en los que ha participado son
la elaboración del Plan de Desarrollo Turístico del Lago Titikaka, la creación
de la Red Eurolatinoamericana de Áreas con Potencialidad Turística (REAPT) y el
Observatorio Turístico del Mediterráneo. En la actualidad trabaja como Jefe de
Sección en la Unidad de Recursos Europeos del Área de Juventud, Deportes y
Formación de la Diputación Provincial de Málaga, además de impartir docencia en
varios postgrados de turismo y cooperación al desarrollo
Después de varios años estudiando el fenómeno de la cooperación internacional aplicada al desarrollo turístico de los Países en Vías de Desarrollo (PVD), son muchas las ideas y consideraciones que se podrían compartir en un foro dedicado íntegramente a esta materia.
Si algo se ha constatado en los últimos años en relación al turismo y la cooperación al desarrollo es la falta de coordinación, conocimiento e interés mutuo entre los técnicos y profesionales de estos dos sectores de intervención, por un lado el sector turístico y por otro lado el sector de la cooperación internacional al desarrollo.
Muchos de los actores y profesionales del sector turístico en los principales mercados emisores y receptores ve la relación del turismo con la Cooperación Internacional al Desarrollo (CID) como un hecho interesante y exótico, pero sin repercusión sustancial ni para su mercado turístico interno ni para el mercado turístico global.
Sin embargo, estos actores y profesionales son operadores turísticos inmersos en procesos de internacionalización en PVD, exportadores de servicios de consultoría turística y transferencia tecnológica hacia PVD o distribuidores mayoristas/minoristas de productos y destinos turísticos localizados en PVD. ¿Se puede realmente entender que las políticas de cooperación internacional al desarrollo, incluyendo los instrumentos financieros de que se disponen, son algo que no afecta al conjunto de los actores que intervienen en el sector turístico? ¿Esta impresión no provendrá más bien del desconocimiento que los profesionales y operadores turísticos tienen del mundo de la cooperación internacional al desarrollo?
Por otra parte, en los últimos años la brecha entre el impulso del desarrollo turístico sectorial y la ejecución de la cooperación internacional al desarrollo parece que se ha acrecentado porque desde organismos y agencias internacionales han priorizado sectorialmente otro tipo de intervenciones ya que, partiendo del concepto de desarrollo humano, pareciera que la consecución de los Objetivos del Milenio exige actuaciones en otros campos diferentes del turismo.
Esta situación viene generada porque no existen suficientes análisis que vinculen con claridad la contribución del turismo al alivio de la pobreza. El binomio turismo-desarrollo ha sido estudiado, pero el binomio turismo-alivio de la pobreza no tiene apenas formulaciones teóricas y metodológicas, por lo que las agencias internacionales de desarrollo bilateral y multilateral carecen de suficientes instrumentos para incluir al turismo en sus prioridades sectoriales, que vienen fundamentalmente marcadas por los Objetivos del Milenio.
Sin embargo, la realidad de la ejecución de los programas de cooperación exige en muchos casos que las inversiones en esos sectores de intervención básicos se rentabilicen económica y socialmente a través de la puesta en valor en el mercado turístico. Así, surgen programas de educación y formación profesional dirigidos a especialización turística, proyectos de mejoras de la estructura productiva agraria buscan dirigir las producciones a turistas que visitan recursos locales o actuaciones medioambientales y de rehabilitación patrimonial buscan su puesta en valor mediante su explotación turística sostenible.
Un ejemplo claro de la ausencia de las intervenciones turísticas en la planificación de la cooperación al desarrollo, sería la propia Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) española que en el Plan Director asume los Compromisos del Milenio y parece no dar cabida al apoyo al sector turístico. No obstante, la realidad de la práctica de la cooperación al desarrollo impone el reconocer al turismo como un sector estratégico de desarrollo, y así en planes tales como el reciente Programa de Cooperación Regional con Centroamérica, no sólo no se renuncia a las intervenciones en el sector turístico, sino que se incorporan líneas específicas al respecto, ya que cada vez más las poblaciones locales demandan inversiones turísticas al intuir el potencial de rentabilidad económica y social de las mismas.
Sin ánimo de ser exhaustivo, algunas consecuencias inmediatas que tiene la disociación entre el sector turístico y el sector de la cooperación internacional al desarrollo son:
Así pues, la realización de esta ponencia tiene a nivel personal bastante complejidad porque a lo largo de varios años de investigación científica y profesional dedicados a este tema se han acumulado multitud de consideraciones que nunca se han podido exponer debidamente. Esta situación implica una dificultad añadida para la presentación sistemática de la información.
Por lo tanto, el objetivo de esta ponencia será realizar una exposición ordenada de parte de una investigación científica pero también de multitud de ideas aisladas y desestructuradas que se han venido acumulando a lo largo de varios años de intentar lanzar puentes de unión entre dos mundos, el del turismo y el de la cooperación internacional al desarrollo, que hasta cierto punto se ignoran, pero no dejan de reconocerse puesto que en la práctica habitual se están complementando.
Es muy importante clarificar determinados conceptos previamente al análisis del turismo y de la cooperación al desarrollo.
El
desarrollo turístico sostenible sería aquel proceso de aparición, expansión y
mejora de todas las operaciones de producción y comercialización de bienes y
servicios generadas por la actividad turística y que, debido al carácter
productivo de ésta, favorece la mejora cuantitativa y cualitativa del
funcionamiento de una economía sin comprometer la capacidad de las generaciones
futuras para satisfacer sus propias necesidades, y a lo largo del cual se
registra un crecimiento o acumulación de los recursos disponibles, una mayor
eficiencia y eficacia en el sistema de producción, una progresiva satisfacción
de las necesidades humanas elementales individuales y colectivas, y donde los
grupos sociales dominantes van alcanzando cada vez un mayor número de objetivos
particulares, transformándose finalmente no sólo los aspectos socioeconómicos
coyunturales sino también los estructurales[1].
En esta definición del desarrollo turístico sostenible se registran los siguientes elementos fundamentales:
Además, permite diferenciar con claridad los fenómenos de desarrollo turístico frente a los fenómenos de expansión turística. El primero supone necesariamente un reforzamiento del proceso de desarrollo económico global e integral (desarrollo humano), mientras que en el segundo caso se puede experimentar una dinamización de las actividades turísticas dentro de la economía de un país, sin que este fenómeno aporte realmente a un proceso de mejora cualitativa y cuantitativa de la economía en el que se registren las siete características fundamentales antes enunciadas.
Por otra parte, el concepto de Cooperación Internacional al Desarrollo es un concepto excesivamente amplio que agruparía todos aquellos esfuerzos entre sujetos de al menos dos Estados distintos (este hecho le confiere el carácter internacional), que realizan una actuación conjunta de cooperación, con el objetivo de impulsar procesos de desarrollo.
La Cooperación Internacional al Desarrollo engloba un conjunto tan amplio y diverso de relaciones que normalmente cuando se habla de CID se estudia una parte muy específica de la misma que es la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD). La Cooperación Internacional al Desarrollo, de acuerdo con el criterio establecido por el Comité de Ayuda al Desarrollo[2] (CAD) de la OCDE, se califica como AOD cuando satisface los siguientes requisitos.
La AOD serían todos aquellos fondos públicos que los Estados destinan a promover el desarrollo en terceros países calificados como "en vías de desarrollo" y que tienen un determinado elemento de donación, en relación al coste normal que tiene el captar esos fondos en el mercado financiero internacional.
Con estas definiciones previas se pretende consensuar un criterio básico inicial en torno a los conceptos de turismo, cooperación al desarrollo, solidaridad y un nuevo término en uso como es el concepto de turismo solidario. Este consenso inicial es muy importante porque cada vez más erróneamente se tiende a vincular el turismo solidario como el resultado concreto de la unión entre sector turístico y cooperación al desarrollo.
La AOD no es más que una modalidad de intervención política entre sujetos de al menos dos Estados distintos que incorpora un determinado elemento de donación. De ninguna de las maneras se puede aceptar limitar el concepto de solidaridad a una modalidad de intervención política como es la AOD, ya que esto supondría equiparar el elemento de donación que incorpora la AOD con el hecho de la solidaridad.
Así pues, las políticas de cooperación internacional al desarrollo no son más que eso, la utilización por parte de una intervención pública de un conjunto de instrumentos supeditados al cumplimiento de unos objetivos y con una intencionalidad concreta. La AOD puede responder o no a planteamientos solidarios tanto como la política económica, social o cualquiera otra. La incorporación del elemento de donación no garantiza de ningún modo el carácter solidario de la AOD, ya que dependerá del contenido de la misma, de sus objetivos básicos y su intencionalidad, del modo de actuación de los agentes implicados y de la concepción del desarrollo al que responda.
El término solidaridad proviene del latín
sollicitudo, sollicitudinis y en su
acepción original significaba “inquietud,
solicitud, preocupación, causar molestias a uno, ...,agitado, removido,
ansioso, alerta, que causa inquietud, que preocupa”[3]. Este término fue dotado de contenido semántico y vital a lo largo
de la historia del movimiento obrero como un concepto superador a hechos tales
como la caridad, donación, etc., vinculándose más a hechos como justicia,
revolución, etc. Así pues, la solidaridad se puede entender como “compartir
incluso aquello que es necesario para vivir”[4] y de ninguna manera puede equipararse a la
donación, ni menos aún asimilarse a una práctica política simplemente porque
ésta incorpore un elemento de liberalidad o donación.
En este sentido en los últimos años se viene
comprobando como se intenta delimitar una nueva modalidad turística denominada
turismo solidario. En realidad no existe consenso sobre qué se puede entender
por turismo solidario, pero alguna de sus características son:
Teniendo en cuenta la conceptualización del turismo
solidario, se plantea que dicho término induce a un error importante. La
solidaridad no es algo asumible o vinculable exclusivamente a un determinado
tipo de producción. No se puede identificar un turismo solidario frente a un
turismo insolidario, tan grave sería calificar a una demanda turística como
solidaria, por el simple hecho de consumir un producto turístico concreto, como
pretender hacer de la pobreza un nuevo atractivo turístico en determinados
destinos.
La solidaridad va más allá del propio hecho de
consumo y se relaciona con los comportamientos de la persona. La solidaridad es
un hecho globalizador de la persona y de las colectividades humanas y no se
puede asimilar reduccionistamente a aspectos parciales del consumo y de la
producción. En la base de esta cuestión está el planteamiento estratégico que
históricamente se realiza en torno a la realización efectiva de la solidaridad
desde el plano económico: ¿es necesario crear productos y
mercados paralelos para ejercer la solidaridad o crear los mecanismos adecuados
para que el propio mercado sea generador de relaciones y estructuras
solidarias?
Históricamente la respuesta más efectiva fue la
transformación de lo existente, creando estructuras, productos e instituciones
nuevas o alternativas cuando fuese necesario.
En este sentido es mucho más idóneo respetar
criterios básicos que permitan que cualquier tipo de producción turística pueda
realizarse y comercializarse en clave solidaria, más aún que crear productos
paralelos donde desde un vago concepto de solidaridad se intente crear una
modalidad turística nueva y paralela. Sería mucho más interesante ampliar el
concepto de comercio justo a la producción y comercialización de productos
turísticos o ecoturísticos que guardasen unos determinados criterios de
justicia en cuanto a su proceso productivo, a los resultados e impactos, a la
comercialización y a la distribución de márgenes económicos generados por el
mercado turístico.
En este caso se proponen los nuevos conceptos de
Turismo Justo o Turismo Comunitario[5],
identificándolos no tanto con una modalidad turística nueva sino como una forma
diferente de creación de productos turísticos bajo el principio de
participación comunitaria (en el caso del turismo comunitario) o de
comercialización de productos turísticos bajo el principio de comercio justo
(en el caso del turismo justo).
En este caso se haría referencia no a una nueva
modalidad o producto sino al respeto de una serie de principios en el mercado
turístico. La aplicabilidad de este modelo se podría hacer extensible a
diferentes modalidades y generalizable al mercado turístico, con lo que el
impacto real en términos de desarrollo y solidaridad podría ser más elevado.
Obviamente, la modalidad turística que puede encontrarse más cercana al Turismo Justo o Comunitario es el ecoturismo. “El ecoturismo es un sub-componente en el campo del turismo sostenible”[6].al que pertenecen o bajo el que se desarrollan diversas modalidades turísticas (productos turísticos específicos) que responden a un segmento de mercado concreto (demandas turísticas específicas) y que según la Declaración de Québec sobre Ecoturismo (2002) cumple los siguientes principios específicos, a diferencia del concepto más amplio de turismo sostenible:
Las modalidades turísticas que suelen relacionarse con el ecoturismo como un subcomponente específico del turismo sostenible son el Turismo Cultural y el Turismo Rural y el Turismo de Naturaleza. De este modo la especialización de la oferta y su agrupación en el término ecoturismo, responde ni más ni menos a una segmentación dela demanda y de sus motivaciones.
Existirán destinos con más vocación al desarrollo de productos específicos dentro del ecoturismo, y otros destinos cuya producción requerirá una mayor elaboración porque inicialmente no presenten recursos y atractivos que propicien la vocación ecoturística.
En cualquier caso el criterio fundamental
que hay que tener en cuenta siempre que se busca realizar una intervención
efectiva en materia turística utilizando la CID es que “el producto
turístico no nace, se hace”.
El gran reto del turismo
en relación a la cooperación internacional al desarrollo en los próximos años
residirá en la capacidad del sector para contribuir al alivio de la pobreza.
Hasta el momento se han realizado múltiples análisis acerca de las relaciones
entre turismo y desarrollo, pero es necesario ampliar la investigación y el
diseño de modelos de intervención sectorial en turismo que contribuyan al
desarrollo humano desde el alivio de la pobreza. Estos nuevos modelos deberían
orientar la intervenciones tanto a nivel microeconómicos (proyectos) y
macroeconómicos (planes y programas).
La vinculación entre el
turismo y alivio a la pobreza y contribución a la consecución de los Objetivos
del Milenio es tan importante porque sólo de esta manera se puede lograr que
las agencias internacionales prioricen las intervenciones turísticas dentro de
sus Planes Directores de Cooperación.
Especialmente importante
es generar modelos teóricos generales de intervención, a partir de la
extrapolación de resultados desde los múltiples análisis de caso y experiencias
existentes en relación a los proyectos de cooperación turística. Se poseen
muchos análisis de caso, pero no se ha conseguido avanzar suficientemente en el
diseño de teorías y modelos generales desde la contrastación de hipótesis que
permiten los análisis de caso.
Muchos PVD han optado por una planificación de sus procesos de desarrollo económico en la que se le concede un papel prioritario al sector turístico como sector estratégico de dinamización productiva. Esta estrategia viene respaldada por el ingente patrimonio turístico[7] que poseen muchos de estos países.
Ahora bien, ¿por qué el turismo se puede llegar a convertir en un sector especialmente “apetecible” para impulsar el alivio de la pobreza frente a otros desarrollos sectoriales?
Siguiendo al economista italiano Alberto Sessa se observan tres características distintivas de la “industria turística” frente a otros sectores como el agrícola o el sector industrial manufacturero:
1. Intangibilidad del producto.
2. Inmovilidad de la oferta.
3. Perdurabilidad tras el consumo.
Aunque los nuevos planteamientos han revisado sustancialmente el contenido de esta propuesta, aún hoy define una caracterización básica, simple y efectiva del turismo. Desde este planteamiento, la inmovilidad de la oferta es el factor que más puede cooperar a que el turismo se consolide como variable estratégica de desarrollo en los PVD frente a otras actividades productivas tradicionales[8].
El hecho de que el producto no se desplace sino que tenga que ser la demanda quien se acerque a la oferta hace que el turismo presente a priori mejores condiciones objetivas para propiciar el desarrollo y mayor capacidad de generar efectos arrastres.
No obstante, existe cada vez más un riesgo cierto a que los PVD sobrevaloren la capacidad del turismo como variable estratégica en el proceso de desarrollo y que, igualmente, los países donantes concedan un papel excesivo al desarrollo sectorial en turismo dentro de la planificación de sus políticas de ayuda al desarrollo[9]. El nuevo contexto de globalización está imponiendo una nueva configuración del mercado turístico a nivel internacional que supone una ruptura con las visiones tradicionales acerca del turismo y el desarrollo.
Este hecho es especialmente grave en la actual situación del mercado turístico mundial, que, al menos a corto plazo, ha reducido el potencial del turismo para ejercer un efecto arrastre en las economías de los PVD. Algunas tendencias del mercado turístico mundial que disminuyen las posibilidades de propiciar el desarrollo de los PVD son:
En la actualidad es fundamental que los agentes que intervienen en la CID replanteen la relación entre el fenómeno turístico y el alivio de la pobreza, adaptando las políticas de ayuda al desarrollo a esa nueva configuración del sector a nivel internacional.
La situación
la expone con toda claridad el profesor Enrique Torres al señalar que “...la capacidad de generación de desarrollo
del turismo en los países receptores...va en disminución, siendo en la
actualidad menor de lo que en un principio podía pensarse y, sobre todo, de lo
que en muchos casos los programas políticos aseveran. En realidad parece estar
ocurriendo que el turismo comienza a comportarse como cualquier sector
industrial en cuanto a las relaciones entre países desarrollados y en vías de
desarrollo, participando de los mismos mecanismos que favorecen la acumulación
y crecimiento en los primeros. A pesar
de todo las características propias de la actividad turística...le hacen
especialmente apto para inducir procesos de desarrollo frente a los sectores
manufactureros.”[10]
Efectivamente, el sector turístico puede ofrecer mayores posibilidades de desarrollo humano que otras intervenciones sectoriales, pero es necesario reflexionar acerca de los principales elementos en los que la nueva configuración internacional del sector está condicionando la efectividad del turismo como motor de desarrollo, y analizar cómo deben adaptarse las políticas de ayuda al desarrollo al nuevo contexto[11].
La capacidad de la actividad turística para generar divisas y aportes suplementarios a la balanza de pagos nacional de los PVD hace que este sector presente una capacidad importante para financiar los procesos de desarrollo, los cuales normalmente requieren de la exportación de bienes de equipo y de capital. No obstante, los aportes que el turismo puede realizar a la balanza de pagos debe contemplarse de un modo amplio, ya que no sólo deben tenerse en cuenta los efectos primarios sino también los secundarios y terciarios. Como señala Thuens “no es el efecto total, sino el efecto neto en la balanza de pagos el que respecto a la exportación de servicios turísticos importa finalmente.”[12].
Por ejemplo, se puede incentivar la construcción de un complejo turístico residencial donde se incluya actividades de restauración. Evidentemente esa actividad puede generar la entrada de divisas en la economía nacional, pero es fundamental preguntarse ¿cuál será el contenido en importaciones que llevará pareja dicha producción turística, es decir, la explotación del proyecto exigirá importar grandes cantidades de bienes y servicios para asegurar la marcha del proyecto?
Igualmente, si el programa de cooperación se realiza a través de alguna modalidad de cooperación empresarial ¿cuáles serán las rentas de inversión que detraerán los promotores de la iniciativa? ¿Será necesario incorporar una gran cantidad de trabajo extranjero para la puesta en marcha del proyecto? ¿Qué gastos de promoción exterior por parte del gobierno exigirá la rentabilización de dicha inversión turística? Estos aspectos deberán ser tenidos muy en cuenta a la hora de definir la estrategia de desarrollo.
Las salidas de divisas a consecuencia de la puesta en marcha de proyectos turísticos dependerá de las características de la economía, la cantidad de enlaces intersectoriales existentes, la capacidad de provisión de inputs mediante la producción local, la capacitación de los técnicos y de la mano de obra en general, las condiciones para la expatriación de las rentas del capital extranjero y el conocimiento que del destino se tiene en el mercado internacional, fundamentalmente, en los principales mercados emisores.
No obstante, en la nueva configuración del mercado turístico internacional muchos de los principales países emisores han adoptado políticas que frenan la salida de flujos hacia el exterior, y la propia tendencia del sector indica que en el futuro se expandirán los viajes de corta distancia y se fraccionará las vacaciones en los Países Desarrollados (PD). Todo ello aminorará en parte la capacidad del turismo para generar divisas en los PVD.
El turismo se consolida como una actividad en la que la relación personal empleado/capital invertido es mayor que en otro tipo de sectores. En los primeros estadios de desarrollo el turismo es muy intensivo en la ocupación de mano de obra y la cualificación requerida, y por tanto el proceso de aprendizaje necesario, no es muy alta. Ello propicia la posibilidad de desarrollar proyectos de cooperación en capacitación técnica con costes no muy elevados y bastante nivel de éxito.
No obstante, esta capacidad de incorporar mano de obra no cualificada o mano de obra local de los PVD en su proceso de producción es sólo una fase temporal en el desarrollo del sector. Como señala Gray, a medida que avanza el proceso de desarrollo turístico el sector es aún más dependiente del trabajo altamente cualificado que otros sectores industriales.
Esto implica que el adoptar el turismo como variable estratégica de desarrollo dentro de los planes globales no exigirá en un primer momento grandes esfuerzos en los procesos de aprendizaje y capacitación de la población local, pero progresivamente se deberá ir transformando esta política dotando de mayor especialización al factor trabajo de las comunidades[13]. Además, la tendencia del mercado turístico muestra que existará cada vez un consumidor más informado y una demanda más exigente en lo que a calidad en el servicio se refiere. Esto disminuirá la capacidad del sector de incorporar mano de obra poco cualificada, obligando a recurrir al personal especializado.
El turismo en los PVD puede fomentar la generación de ingresos debido a la gran cantidad de gastos colaterales que realiza la demanda en sus desplazamientos y a la diversidad de inputs que requiere la realización de la producción turística[14]. No obstante, el efecto real que el turismo tenga sobre el ingreso y su capacidad de multiplicación, dependerán en buena parte del nivel de desarrollo e integración de la estructura económica del PVD en cuestión. No se puede asimilar que la capacidad de generación de ingreso del turismo será la misma en una economía integrada que en una economía desarticulada.
El conjunto de ingresos públicos que el turismo puede generar no debe tener en consideración únicamente el ingreso directo sino, y esencialmente, debe considerar también los ingresos provenientes de impuestos indirectos[15]. La contribución exacta del turismo al sector público debe matizarse con los costes que supone para la hacienda pública la gestión pública del turismo (promoción turística, planificación, investigación, gestión, etc.). Hay que tener en cuenta que en algunos casos estos costes pueden ser importantes, especialmente si el destino es poco conocido a nivel internacional y no existe experiencia previa en la gestión pública del sector, lo cual supone poner en marcha nuevos organismos, etc.
El impulsar una política de desarrollo vinculada al turismo puede conseguir situar a la economía de un PVD en un sector productivo que se constituye en un mercado en expansión. Sin embargo, se observa como la expansión de ese mercado va a ir siendo progresivamente menor, ya que paralelamente se contempla una desaceleración del crecimiento de la demanda a nivel internacional. Esta desaceleración progresiva de la demanda turística debe ser tenida en cuenta a la hora de diseñar las políticas de ayuda al desarrollo en el futuro.
Crecimiento medio del número
de turistas a nivel mundial 1950-2010
|
Año |
1.950 |
1.960 |
1.970 |
1.980 |
1.990 |
2.001 |
2.010 |
|
Llegadas (en millones) |
25 |
70 |
166 |
288 |
458 |
661 |
937 |
|
Crecimiento Medio Anual |
- |
18,0% |
13,7% |
7,3% |
5,9% |
4,4% |
4,2% |
Fuente: Elaboración propia a través de datos de la OMT.
Pese a todo, el aspecto esencial a tener en cuenta a la hora de fomentar un proceso de desarrollo turístico es el problema de la dependencia estructural generada en la economía en desarrollo.
“El turismo internacional, como cualquier otra actividad exportadora, establece entre los países vinculaciones que pueden constituir una nueva forma de dependencia entre emisores y receptores”[16]. Venancio Bote establece una serie de consideraciones acerca de la dependencia estructural que puede originarse en algunos tipos de desarrollos turísticos.
1. El grado de dependencia sectorial depende de las deficiencias estructurales de las economías de las áreas de destino. No se trataría tanto de un problema del sector, es decir de que la actividad turística en sí misma genere dependencia, sino más bien de las características del sistema, modelo, estrategia y nivel de desarrollo.
2. Es necesario estimar el nivel de dependencia susceptible de soportar un destino para que pueda existir una compatibilidad con el desarrollo económico integrado.
3. La dependencia está correlacionada con la modalidad turística que se produzca y se oferte.
La actual configuración del mercado turístico en el marco de la globalización pone de manifiesto que existe una tendencia mayor a que la actividad turística genere situaciones de dependencia estructural, expresadas en los siguientes hechos:
1. Grado de integración horizontal y vertical de las compañías extranjeras en los mercados de destino de los PVD.
2. Grado de dependencia de la cuota de mercado del destino respecto a la demanda exterior y a la comercialización mediante intermediarios extranjeros.
3. Grado de dependencia respecto al contenido en importaciones que soporta el desarrollo turístico de los PVD.
4. Grado de dependencia respecto a los factores de producción.
5. Grado de dependencia respecto a los transportadores aéreos metropolitanos.
Existirían algunos elementos adicionales que también deben tenerse en cuenta a la hora de definir cualquier política de desarrollo turístico en un PVD como son los efectos sobre la inflación, la integración territorial y el desarrollo regional, la posibilidad de abrir mercados a las producciones locales a través de la actividad turística, los costes de oportunidad, etc.
De igual manera, para una efectiva contribución del turismo al alivio de la pobreza es esencial ajustar los instrumentos utilizados por la CID al propio funcionamiento del sector turístico. No sólo se trata de revisar cuidadosamente los elementos que requieren evaluarse para garantizar la efectiva contribución de una intervención turística al alivio de la pobreza, sino que además es fundamental adaptar a las particularidades propias del sector turístico aquellos instrumentos utilizados por la AOD.
La falta de conocimiento por parte de los agentes y operadores turísticos acerca de la AOD ha conducido en muchos países no sólo a no utilizar esos fondos eficientemente, sino a hipotecar y condicionar muy negativamente el proceso de desarrollo económico presente y futuro[17].
Si se trata de Ayuda Reembolsable, será especialmente importante evaluar los resultados en términos de flujos económicos generados por las acciones turísticas que se financien.
Igualmente, instrumentos tradicionalmente no utilizados para el impulsar el desarrollo turístico pueden generar resultados muy positivos si se realiza a adecuada adaptación de su uso. Así, la Ayuda Alimentaria y la Ayuda de Emergencia podrían financiar proyectos sectoriales en turismo a través de los Fondos de Contravalor o “monetizaciones de la ayuda”. Igualmente, los programas de Condonación de la Deuda pueden servir para crear swaps turísticos que permitan apoyar las inversiones turísticas de agentes privados en un PVD.
Una característica clara del sistema de cooperación
internacional al desarrollo turístico de España es la descoordinación entre la
política turística y la política de cooperación al desarrollo. Estas
divergencias se ponen de manifiesto en el propio Plan Integral de Calidad del
Turismo Español 2000-2006, que sustituyó a los Planes Marco de Competitividad y
que incorporó la cooperación internacional como línea estratégica de trabajo 7.
Aún cuando el PICTE se proponía incentivar la coordinación
entre las diferentes Administraciones Públicas, y aún cuando se partía del
hecho de reconocer al Plan Director de Cooperación Internacional como un
elemento claro en las políticas de cooperación españolas, el PICTE pretendía “impulsar una línea propia de
cooperación internacional que supere las limitaciones que para la cooperación
al desarrollo tiene la AECI en virtud de sus competencias y funciones, con
acciones propias de la Administración turística que consigan hacer llegar
nuestro conocimiento experto más allá de lo que los programas de la AECI
permiten”[18].
Este ejemplo vuelve a mostrar un problema ya
antiguo en la ejecución de el sistema de cooperación internacional español, que
no es otro que el “enfrentamiento tácito” entre el Ministerio de Economía y el
Ministerio de Asuntos Exteriores.
Si se atiende a un criterio de distribución
sectorial de la ayuda parece acertado que los Estados tiende a realizar
acciones de cooperación bilateral en aquellos sectores en los que poseen una
mayor especialización y conocimiento técnico. Desde este punto de vista, el
sector turístico podrían ser un sector en el que la contribución de la
cooperación bilateral española se hiciese más efectiva.
¿Cuál ha sido la contribución de España al desarrollo turístico a través de su ayuda bilateral? En realidad no existen estudios descriptivos de este hecho, por lo que difícilmente se puedan introducir acciones correctivas. El autor de esta ponencia ha analizado hasta el momento el conjunto de las acciones de cooperación turística bilateral durante el período 1991-1998[19]. En la actualidad se está realizando una investigación mucho más pormenorizada del período comprendido entre 1998 y 2002.
La financiación de proyectos turísticos en PVD a través de la Ayuda Oficial al Desarrollo se ha realizado fundamentalmente a través de la modalidad de cooperación no reembolsable o donaciones. El recurso a la cooperación reembolsable o a los créditos FAD no ha sido muy utilizado hasta la fecha para apoyar inversiones en infraestructuras turísticas[20]. Por tanto, el análisis de los proyectos turísticos financiados por la cooperación bilateral española se centrará en la ayuda no reembolsable, articulada específicamente a través de proyectos o programas.
Igualmente en todos los casos la información se ha recogido tomando como base los seguimientos que de los Planes Anuales de Cooperación realiza el Ministerio de Asuntos Exteriores. Es posible que al no tener acceso a las memorias específicas de los distintos organismos públicos que configuran la AOD bilateral española puedan existir proyectos no identificados pero financiados.
El conjunto de la AOD Bilateral destinada por las distintas entidades españolas a la financiación de proyectos turísticos en el período 1.991-1.998 fue la siguiente.
|
|
1.991 |
1.992 |
1.993 |
1.994 |
1.995 |
1.996 |
1.997 |
1.998 |
|
AECI-ICD |
17.500.000 |
25.584.612 |
5.626.850 |
- |
- |
- |
- |
- |
|
AECI-ICI |
8.500.000 |
60.778.315 |
24.283.384 |
5.854.920 |
68.815.288 |
112.910.000 |
177.076.750 |
151.750.000 |
|
AECI-ICMA |
2.700.000 |
- |
- |
- |
3.870.000 |
5.472.000 |
27.112.000 |
53.200.000 |
|
SECIPI |
- |
- |
44.444.000 |