Turismo y Soberanía Alimentaria

Ponencia marco del grupo de trabajo sobre turismo presentado en el VI Foro por un Mundo Rural Vivo (Teruel, 2008) organizado por Plataforma Rural

Jordi Gascón & Ernest Cañada
Acció per un Turisme Responsable

 

El balance de las consecuencias del desarrollo turístico no parece haber sido muy positivo para una parte importante de las poblaciones locales, así como para el medio ambiente. Sin embargo, también es cierto que se han dado otras formas de turismo, en especial en zonas rurales, mucho más coherentes con criterios de sostenibilidad y con estrategias de desarrollo fundamentadas en el rol protagonista del campesinado.

La presente ponencia quiere identificar esta doble cara del turismo con dos objetivos indisimulados.

Por un lado, introducir el tema del turismo en la agenda de Plataforma Rural y consolidar el paradigma de la Soberanía Alimentaria en el Foro de Turismo Responsable (así como otras organizaciones sociales que trabajan en el ámbito del turismo), dado que ese sector, allá donde se establece, afecta las actividades económicas pre-existentes entre las que suele predominar las del sector primario.

Por otro lado, la ponencia quiere vislumbrar algunas de las posibles lineas de actuación conjunta para su priorización en el VI Foro por un Mundo Rural Vivo a celebrarse en Andorra (Teruel) en octubre de 2008.

El turismo en la confrontación entre Agroindustria y Soberanía Alimentaria

La expansión de las actividades turísticas en zonas tradicionalmente de vocación agraria ha abierto algunas discusiones sobre la relación entre el turismo y los distintos modos de concebir el desarrollo rural. Pero el debate sobre qué papel puede o debe jugar el turismo en este desarrollo no puede plantearse sin tener en cuenta el conflicto existente entre dos modelos de entender el futuro de la agricultura y de la producción de alimentos.

Por una parte encontramos el modelo dominante, de inspiración  neoliberal, impulsado por las grandes empresas transnacionales de la agroindustria y basado fundamentalmente en la producción para la exportación. La lógica de esta concepción es que cada territorio debe especializarse en aquellas actividades que le permita tener ventajas comparativas en relación a otras zonas del planeta en una economía fuertemente globalizada. La prioridad de la agricultura, por tanto, será el cultivo de productos sustituibles para mercados lejanos. Para ello se requiere el uso intensivo de la tierra, el empleo de agrotóxicos, de semillas transgénicas, de maquinaria pesada, etc. La incentivación de la producción agropecuaria hacia la exportación promueve que se vendan productos alimentarios en otros mercados por debajo de los costes de producción (dumping), hundiendo las economías locales. Ante las situaciones de inseguridad alimentaria en una determinada zona o región se considera que esto no es un problema fundamental y que ya se conseguirán los alimentos necesarios de aquellas zonas donde sea más barato. En este modelo la unidad familiar campesina se convierte en un anacronismo que tiende a la desaparición por ineficiencia.

La expansión del modelo de agroindustria y agroexportación ha supuesto, de hecho, una agresión frontal contra la agricultura familiar campesina. Para buena parte de la población rural no queda otra alternativa que buscar otras fuentes de empleo, aumentando los procesos migratorios.

Por otra parte, las organizaciones rurales articuladas internacionalmente a través de Vía Campesina, han desarrollo otro modelo contrapuesto basado en una estrategia de defensa de la Soberanía Alimentaria y de de entender la alimentación como un Derecho Humano fundamental y no como una mercancía. El Primer Foro Mundial de Soberanía Alimentaria celebrada en La Habana en el año 2001 definió este concepto como:

“el derecho de los pueblos a definir sus propias políticas y estrategias sustentables de producción, distribución y consumo de alimentos que garanticen el derecho a la alimentación para toda la población, con base en la pequeña y mediana producción, respetando sus propias culturas y la diversidad de los modos campesinos, pesqueros e indígenas de producción agropecuaria, de comercialización y de gestión de los espacios rurales, en los cuales la mujer desempeña un papel fundamental” (1)

Como decíamos, el desarrollo de las actividades turísticas en el ámbito rural no puede concebirse al margen de la confrontación entre estos dos grandes modelos de desarrollo rural. En realidad, el turismo en las zonas rurales debe integrarse dentro de una estrategia a favor de la Soberanía Alimentaria e, incluso, supeditarse a ella.

Ello supone, por una parte, la crítica y denuncia frontal contra todas aquellas actividades turísticas que socaven la Soberanía Alimentaria de los pueblos y reduzcan el acceso de las comunidades campesinas a los recursos básicos como la tierra, el agua o la mano de obra necesarios para la producción de alimentos dirigida al autoabastecimiento y a los mercados locales y nacionales. En lugares con un interés turístico específico, ya sea por cuestiones de ubicación estratégica o de interés paisajístico, la puesta en marcha de actividades turísticas por la iniciativa privada puede entrar en conflicto con la población campesina de la zona. Es el caso de la presión que ejercen a menudo los inversionistas sobre la población local para la compra de tierras. O el desalojo de la población local para la instalación de un hotel en un determinado lugar. O la privatización y concentración del suministro de agua en lugares donde ésta puede ser escasa con el fin de abastecer actividades de ocio vinculadas al turismo altamente consumidoras de este recurso, como son piscinas, campos de golf o jardines.

Pero por otra parte, el turismo gestionado y controlado por las familias campesinas puede ser un modo de aumentar sus ingresos y diversificarlos contribuyendo así a consolidar su economía. No puede concebirse como una actividad que pueda o tenga que sustituir la agropecuaria. Desde esta perspectiva el turismo aparece como una actividad complementaria. De hecho, el futuro del campesinado está en su plurifuncionalidad. Condenado una y otra vez a la desaparición por los teóricos del desarrollismo, el campesinado organizado en fincas familiares diversificadas es un actor clave tanto en la producción de alimentos como en la protección del medio y en la reducción de la pobreza.

Entendemos, en definitiva, que el análisis de los impactos de la actividad turística debe entrar en un marco de desarrollo rural basado en una estrategia de Soberanía Alimentaria según la ha desarrollado Vía Campesina.

En ocasiones, desde sectores favorables al turismo convencional, se ha considerado que el turismo controlado y gestionado por el campesinado como una actividad económicamente marginal, que genera beneficios insustanciales dentro de la macroeconomía nacional. Esto es resultado de un cálculo económico sesgado que sólo considera el rendimiento estricto de la actividad sin valorar las sinergias que tiene con otros sectores productivos, así como a nivel social y medioambiental. Desde una visión holística tenemos que valorar este tipo de turismo por lo que puede contribuir en la consolidación de una economía familiar campesina arraigada en un determinado territorio: el impacto de este tipo de turismo va más allá de los ingresos que genera, ya que puede ayudar a consolidar explotaciones familiares en riesgo de quiebra o por la emigración generacional.

Por otra parte, la consolidación de la economía campesina a través de una estrategia de diversificación que pueda incluir las actividades turísticas, implica otros beneficios para el conjunto de un país de enorme importancia social sobre los que a menudo no se presta la suficiente atención. Así, la diversificación productiva ayuda a mantener al campesino como productor de alimentos para el mercado local y nacional, y por tanto, disminuye la dependencia de las importaciones del extranjero. El campesino, a su vez, juega un papel fundamental en el mantenimiento del territorio y en la reducción de la vulnerabilidad ambiental. Un mundo rural vivo, con posibilidades de desarrollo, disminuye también las tendencias migratorias del campo a la ciudad, equilibrando así la demografía territorial.

¿Qué hacer?. Posibles líneas de actuación conjunta entre Plataforma Rural y el Foro de Turismo Responsable

Frente a este contexto, las acciones a realizar se pueden sistematizar en dos tipos. Por un lado, las dedicadas a denunciar y enfrentar los impactos negativos del desarrollo de los modelos turísticos dominantes en la agricultura campesina. Por otro, incentivar el turismo campesino como estrategia a favor de un mundo rural vivo.

A continuación presentamos algunos posibles temas de actuación conjunta.

Posible argumento para la denuncia

Consistiría en visibilizar los “costes ocultos” que el desarrollo turístico comporta para las economías campesinas y la Soberanía Alimentaria. Y es que los modelos turísticos dominantes favorecen la descampesinización y la marginación del mundo rural.

Una economía basada en el equilibrio territorial y en apoyar el sector agrario-campesino es una economía sana y menos fluctuante.

Posibles acciones a favor del agroturismo

En las últimas dos décadas ha aumentado considerablemente la oferta de turismo rural. No obstante, las propuestas de este tipo que buscan conscientemente mantener una economía rural saludable y dignificar la vida de la población que se mantiene en zonas rurales están poco organizadas.

En este sentido, Plataforma Rural y el Foro de Turismo Responsable pueden:

 

Notas

1) "Por el derecho de los pueblos a producir, a alimentarse y a ejercer su Soberanía Alimentaria”. Declaración Final del Foro Mundial sobre Soberanía Alimentaria (La Habana, 7 de septiembre del 2001).

 

Diciembre de 2008