Reseña de la Guía de Turismo Rural Comunitario de Nicaragua(Managua: Luciérnaga. 2006)

 

Ana Wajszczuk

Desde que Nicaragua empezó a aparecer en el mapa como destino turístico en los últimos años, la larga tradición organizativa de los campesinos locales encontró una nueva veta: el turismo rural comunitario, una práctica con antecedentes en los 80`, cuando en los tiempos de la Revolución Sandinista  las cooperativas campesinas germinaron por todo el país.

Hoy, siguiendo los pasos de países con amplia tradición en este tipo de turismo, como Ecuador o Bolivia, son más de 40 las cooperativas, familias campesinas, comunidades indígenas y asociaciones de artesanos organizados que funcionan en toda Nicaragua en torno al turismo rural comunitario. Sin embargo, hace apenas un par de años que empiezan a ser una opción visible para el visitante: primero con la creación de la Red Nicaragüense de Turismo Rural y Comunitario y la Red de Turismo Sostenible; y ahora con la edición por la Fundación Luciérnaga -una ONG de Managua dedicada a apoyar a las organizaciones populares- de la primera Guía de Turismo Rural Comunitario de Nicaragua, que reúne información completa sobre 39 de estas organizaciones.

Dividida en cuatro zonas, la Guía ofrece fotografías, información de contacto, descripciones generales de las organizaciones, sus servicios y actividades y los tipos de alojamiento e infraestructura que ofrecen, además de los atractivos cercanos que pueden visitarse y cómo llegar desde Managua. También incluye testimonios de dirigentes comunitarios locales sobre la vida en las zonas rurales de Nicaragua.

Aunque en general los servicios son básicos respecto al alojamiento y la infraestructura (la guía cumple en precisar información imprescindible para el viajero, como la disponibilidad de agua potable o servicios higiénicos), existe una amplia gama de opciones: desde paquetes organizados para conocer ruinas precolombinas y hoteles ecológicos donde aprender horticultura orgánica, hasta pequeñas comunidades indígenas que ofrecen al viajero compartir un cuarto en sus casas y sus comidas típicas en medio de la densa jungla caribeña. Todo, como explica Ernest Cañada, coordinador  de la Fundación, “gestionado  y promovido por la misma gente del campo, sin abandonar sus actividades tradicionales”.

“De estas cuarenta iniciativas hay algunas que llevan más de 10 años trabajando y que prácticamente todos los días atienden a visitantes”, explica Cañada. “Esta guía forma parte de un proyecto más amplio de apoyo a esas organizaciones. Pretendemos facilitar el conocimiento y acceso de mucha gente que puede tener interés por conocer los recursos naturales de Nicaragua de la mano de sus mejores conocedores: campesinos y campesinas del lugar”.

Entre las organizaciones de la Zona Norte prevalecen las cooperativas cafetaleras, pero también iniciativas como la del Pueblo Indígena de Mozonte, que reúne a 14 comunidades indígenas en proyectos de agricultura orgánica; o los guías del impresionante Cañón de Somoto. En la región de Occidente (Chinandega y León), el turismo rural se enfoca en los volcanes de la zona y las aguas termales: el Centro Ecoturístico  es uno de los más organizados del país. En la Zona Sur se encuentran comunidades que trabajan en reservas naturales (por ejemplo la  Finca Magdalena, una hacienda cafetalera de la isla de Ometepe) o cooperativas de ceramistas (la Quetzalcoatl, en San Juan de Oriente, es una de las más interesantes). En la Costa Caribe, apenas descubierta por el turismo, hay comunidades indígenas como la Awas en la Laguna de Perlas, una de las lagunas de agua dulce más grandes de América; o la Rama Cay, donde conocer las costumbres de esta etnia frente a playas de postal.

Reseña publicada originalmente en la revista Travesías ( núm. 64, abril de 2007).

 

Abril de 2007